En la vista lateral de Pteraspis, un heterostraco sin
mandíbulas, se observa un cuerpo protegido por placas óseas fusionadas
que formaban un escudo cefálico rígido. El agua ingresaba por la boca y fluía
hacia atrás, pasando sobre las branquias suspendidas en bolsas branquiales
internas, donde ocurría el intercambio gaseoso. Luego, el agua se reunía en
una cámara común antes de salir por un poro branquial externo. Este
sistema permitía respirar sin necesidad de mandíbulas móviles. A lo largo de la
cola, las escamas eran pequeñas y flexibles, facilitando la flexión lateral
eficiente durante la natación. Así, la protección anterior se combinaba con
movilidad posterior, integrando defensa y desplazamiento.
En la región bucal de estos peces agnatos, la estructura no
era simple ni desorganizada, sino que mostraba una reorganización
cartilaginosa progresiva alrededor de la abertura oral. Los elementos que
rodeaban la boca derivaban de arcos faríngeos modificados, formando soportes
que anticipan transformaciones evolutivas posteriores. Aunque no existían
mandíbulas verdaderas, ya se evidenciaba una arquitectura anatómica compleja
capaz de sostener tejidos blandos y dirigir el flujo de agua. Esta condición
demuestra que incluso en vertebrados primitivos la región cefálica
experimentaba innovaciones estructurales importantes, sentando bases para la
futura aparición de mandíbulas funcionales en los gnatostomados.
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