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La configuración
electrónica es la distribución de los electrones de un átomo entre
los distintos niveles, subniveles, orbitales y estados
de espín permitidos por la mecánica cuántica. Esta distribución constituye
una forma resumida de representar el estado cuántico de todos los electrones de
un átomo. Su complejidad depende de cuántos números cuánticos se deseen
representar. En su forma más sencilla, la configuración electrónica solo indica
el nivel principal (n) y el subnivel (l), como ocurre
habitualmente en las tablas periódicas impresas de bolsillo, donde aparecen
distribuciones del tipo 1s² 2s² 2p⁶. Sin embargo, también es posible
representarla incorporando los cuatro números cuánticos, indicando
además el orbital (mₗ) y el espín electrónico (mₛ) de cada
electrón. Esta representación más completa permite visualizar directamente cómo
se organizan los electrones dentro de cada orbital.
Figura 1. [Max
Born] fue uno de los fundadores de la mecánica cuántica. Propuso la interpretación
probabilística de la función de onda, estableciendo que su cuadrado
representa la probabilidad de encontrar una partícula. Formó a destacados
físicos como Heisenberg, recibió el Premio Nobel de Física en 1954 y
dejó un legado fundamental para la física cuántica moderna.
Figura 2. [Shohini
Ghose] es una física canadiense especializada en información cuántica,
computación cuántica y óptica cuántica. Profesora e investigadora
en Canadá, ha contribuido al estudio del entrelazamiento y la comunicación
cuántica, además de destacar como divulgadora científica. Su trabajo
impulsa la segunda revolución cuántica e inspira una mayor participación de
mujeres en la ciencia.
La organización de
los electrones obedece al principio de exclusión de Pauli, formulado por
Wolfgang Pauli en 1925. Este principio establece que no pueden existir dos
electrones en un mismo átomo con los cuatro números cuánticos idénticos.
Como consecuencia, cada orbital solo puede alojar un máximo de dos
electrones, y estos deben presentar espines opuestos,
convencionalmente representados mediante una flecha hacia arriba (↑) y
una flecha hacia abajo (↓). Junto con el principio de mínima energía
y la regla de Hund, el principio de exclusión determina la forma en que
los electrones ocupan los orbitales disponibles y explica la estructura
periódica observada en los elementos químicos.
¿Por qué resulta
tan importante conocer la configuración electrónica? Porque la distribución de
los electrones de valencia, es decir, los situados en el nivel
energético más externo, determina gran parte del comportamiento químico de un
elemento. A partir de ella pueden aplicarse modelos como la teoría del
enlace de valencia y la teoría de repulsión de pares de electrones de la
capa de valencia (RPECV o VSEPR), que permiten predecir la geometría
molecular. A su vez, la geometría y la distribución de cargas hacen posible
inferir si una molécula será polar o apolar, información fundamental
para comprender propiedades como la solubilidad, las fuerzas
intermoleculares, los puntos de fusión y ebullición, el estado de
agregación a temperatura ambiente, la reactividad química y muchas
otras características que constituyen el objeto de estudio de la química.
Regla de construcción para dos
números cuánticos
Una vez conocidos
el número cuántico principal (n) y el número cuántico azimutal (l),
es posible comprender cómo se construyen las configuraciones electrónicas.
Intuitivamente sabemos que, al aumentar el valor de n, crecen tanto la energía
como el tamaño del orbital y el número de electrones que pueden alojarse en ese
nivel. Del mismo modo, dentro de cada nivel aparecen nuevos subniveles,
identificados por l, que también poseen energías diferentes. En
consecuencia, cada nuevo estado cuántico representa una solución distinta de la
ecuación de Schrödinger. Sin embargo, existe una característica adicional de
enorme importancia: los niveles y subniveles no aparecen de manera arbitraria,
sino que forman una secuencia fija y cerrada, en la que cada estado
posee una energía bien definida.
Figura 3. [El
principio de Aufbau] establece que los electrones ocupan
primero los orbitales de menor energía. La regla de Madelung
determina ese orden mediante el criterio n + l, representado por el
diagrama de diagonales. Junto con el principio de exclusión de Pauli y
la regla de Hund, permite construir correctamente la configuración
electrónica de los átomos.
Podría pensarse que
la energía aumenta de forma continua siguiendo el orden 1s, 2s, 3s, 4s…
y luego 2p, 3p, 4p…, pero la naturaleza no funciona así. En los átomos
con varios electrones, la energía de los subniveles depende simultáneamente de n
y l, produciendo un orden de llenado que alterna entre distintos niveles
principales. Como resultado, el incremento energético sigue un recorrido en zigzag:
después de 3p se llena 4s antes que 3d; posteriormente
aparecen 4p, 5s, 4d, 5p, 6s y así
sucesivamente. Este comportamiento se resume mediante la regla de Madelung
o regla n + l, que permite ordenar los subniveles según su energía
aproximada. Cuando dos subniveles poseen el mismo valor de n + l, se
ocupa primero aquel con menor n.
La distribución
final de los electrones está gobernada por tres principios fundamentales. El principio
de Aufbau establece que los electrones ocupan primero los orbitales de
menor energía disponible.
Tabla 1. [Tabla
de números cuánticos]. Los subniveles
s, p, d y f contienen 1, 3, 5 y 7 orbitales, respectivamente. Como
cada orbital admite dos electrones, sus capacidades máximas son 2,
6, 10 y 14 electrones. Combinadas con el principio de
Aufbau, estas capacidades permiten construir la configuración
electrónica empleando los números cuánticos n y l.
Tabla 2. [La
configuración electrónica expandida]. La configuración electrónica expandida muestra todos los electrones
de un átomo, mientras que la notación de gas noble reemplaza los electrones
internos por el gas noble anterior. Así, destaca únicamente los electrones
de valencia, responsables de la reactividad y la formación de enlaces
químicos, simplificando el estudio de las propiedades químicas de los
elementos.
La configuración electrónica de tres números cuánticos
Hasta ahora hemos
construido configuraciones electrónicas utilizando únicamente dos números
cuánticos: el número cuántico principal (n) y el número cuántico
azimutal (l). Para avanzar un paso más es necesario incorporar el tercer
número cuántico, el número cuántico magnético (mₗ), responsable de
distinguir los diferentes orbitales que existen dentro de un mismo
subnivel.
Figura 4. [Los
orbitales atómicos]. Las cajas representan orbitales atómicos,
interpretados como funciones de probabilidad o ondas de materia,
aunque en química interesan principalmente como modelo de distribución
electrónica. Los subniveles s, p, d y f contienen 1,
3, 5 y 7 orbitales, respectivamente. Estas
representaciones permiten aplicar fácilmente las reglas de Pauli y Hund.
Figura 5. [Configuraciones
de 3 números cuánticos]. La regla de Hund establece que los electrones
ocupan primero los orbitales de igual energía de manera individual antes
de emparejarse. Solo cuando todos contienen un electrón comienza el
apareamiento. Junto con el principio de Aufbau y el principio de
exclusión de Pauli, permite construir correctamente la configuración
electrónica y explicar muchas propiedades químicas.
En química suele representarse cada orbital mediante una caja, dentro de la cual pueden colocarse los electrones. Esta representación es un recurso gráfico muy útil, aunque el significado físico del orbital depende de la interpretación que se adopte de la mecánica cuántica. Desde la interpretación probabilística de Max Born, un orbital representa una región del espacio donde existe una alta probabilidad de encontrar al electrón; en otras interpretaciones puede entenderse como una auténtica onda de materia. En cualquiera de los casos, todos los modelos coinciden en que cada orbital puede alojar un máximo de dos electrones.
La distribución de
los electrones entre orbitales equivalentes está gobernada por la primera
regla de Hund, la única de las tres reglas originales que se utiliza de
manera rutinaria en química general. En 1927, Friedrich Hund formuló un
conjunto de reglas para determinar el estado fundamental de los átomos
multielectrónicos a partir de los números cuánticos mₗ y mₛ. Su
formulación original empleaba el lenguaje de los símbolos término,
habitual en la espectroscopia atómica, por lo que resulta poco práctica para
los cursos introductorios de química. En la actualidad se utiliza una
representación mucho más sencilla: los subniveles se identifican
mediante la notación espectroscópica s, p, d y f; el tercer número
cuántico (mₗ) se representa mediante cajas, una por cada orbital, y
el cuarto número cuántico (mₛ) mediante flechas hacia arriba (↑)
y hacia abajo (↓), que simbolizan los dos posibles estados de espín.
La primera regla
de Hund establece que, cuando varios orbitales poseen la misma energía,
los electrones ocupan primero orbitales diferentes antes de comenzar a
emparejarse. Este comportamiento minimiza la repulsión entre electrones y
conduce al estado fundamental, es decir, al estado de menor energía
posible para el átomo. Por ejemplo, en un subnivel p, que contiene tres
orbitales equivalentes, los tres primeros electrones se distribuyen uno en cada
orbital con el mismo espín antes de que un cuarto electrón forme una pareja.
Solo cuando todos los orbitales equivalentes contienen un electrón comienza el
emparejamiento. A partir de este punto, en química suele representarse
únicamente la configuración electrónica del nivel de valencia, ya que
son esos electrones los que participan directamente en la formación de enlaces
químicos y determinan la mayor parte de las propiedades químicas de los
elementos.
Configuración electrónica de cuatro números cuánticos
La configuración electrónica
de cuatro números cuánticos incorpora, además de los niveles (n), subniveles
(l) y orbitales (mₗ), el cuarto número cuántico, el espín
electrónico (mₛ). En la representación habitual, cada electrón se
simboliza mediante una flecha: una flecha hacia arriba (↑) representa un
valor de +½, mientras que una flecha hacia abajo (↓) representa un valor
de −½. Es importante recordar que estas flechas no indican una
rotación física del electrón, sino que constituyen una representación
convencional de una propiedad cuántica intrínseca llamada espín. La
distribución de estas flechas se obtiene aplicando conjuntamente el principio
de exclusión de Pauli y la primera regla de Hund, lo que permite
describir completamente el estado cuántico de cada electrón dentro de un átomo.
La primera regla de Hund
establece que, cuando existen varios orbitales de igual energía, como
ocurre en los subniveles p, d o f, los electrones ocupan
primero orbitales diferentes manteniendo el mismo valor de espín antes
de comenzar a emparejarse. Solo cuando todos los orbitales equivalentes
contienen un electrón se añade un segundo electrón a cada orbital, y este debe
poseer espín opuesto, cumpliendo el principio de exclusión de Pauli.
De esta manera se obtiene la distribución de menor energía para el átomo,
conocida como estado fundamental. La representación mediante cajas y
flechas permite visualizar con facilidad la ocupación de los orbitales y
constituye una de las herramientas más utilizadas para estudiar la estructura
electrónica de los elementos.
Figura 6. [Cuarto
número cuántico] El espín electrónico es una propiedad
cuántica con valores +½ y −½, representados por flechas.
Genera un momento magnético, explica el magnetismo y técnicas
como la resonancia magnética. Además, constituye la base de la espintrónica,
donde la orientación del espín se utiliza para transportar y procesar
información en nuevas tecnologías.
La principal aplicación de las configuraciones
electrónicas es explicar y predecir las propiedades químicas de los
elementos. La distribución de los electrones de valencia constituye la
base moderna de la teoría de la valencia y permite comprender la
formación de enlaces químicos, la geometría molecular, el magnetismo,
la reactividad y numerosas propiedades periódicas. Sin embargo, conviene
recordar que esta representación es una simplificación didáctica. Al
dibujar electrones como flechas localizadas en cajas, se enfatiza su
comportamiento como si fueran partículas individuales, mientras que su
naturaleza ondulatoria queda oculta. En realidad, cada electrón está
descrito por una función de onda o, según la interpretación adoptada,
por una onda de materia distribuida en el espacio. Por ello, las configuraciones
electrónicas son una herramienta extraordinariamente útil para la química, pero
no deben confundirse con una representación completa de la realidad física
descrita por la mecánica cuántica.
Construcción rápida y problemas no
predecibles
Una forma muy práctica de
construir una configuración electrónica consiste en utilizar la tabla
periódica junto con la notación de gas noble. El procedimiento es
sencillo: primero se identifica el gas noble inmediatamente anterior al
elemento y se escribe su símbolo entre corchetes. Después se completa únicamente la configuración de valencia, siguiendo el orden de llenado
establecido por el principio de Aufbau y la regla de Madelung.
Por ejemplo, para el calcio basta escribir [Ar]4s², mientras que para el
bromo se obtiene [Ar]4s²3d¹⁰4p⁵. Si posteriormente se desea recuperar la
configuración electrónica expandida, simplemente se sustituye el símbolo
del gas noble por su configuración completa. Para ello basta con recordar las
configuraciones de los gases nobles sucesivos (He, Ne, Ar,
Kr, Xe y Rn). Así, al reemplazar [Ar] por 1s²2s²2p⁶3s²3p⁶,
la configuración del calcio queda escrita como 1s²2s²2p⁶3s²3p⁶4s², sin
necesidad de reconstruir nuevamente el orden de llenado desde el orbital 1s.
Este procedimiento permite pasar con rapidez entre la notación abreviada
y la configuración expandida, simplificando enormemente el trabajo con
la mayoría de los elementos de la tabla periódica.
Para los elementos
representativos este procedimiento funciona prácticamente siempre. Sin
embargo, al llegar a los metales de transición y a las tierras raras
aparecen excepciones que el modelo simplificado no consigue predecir
correctamente. Un ejemplo clásico es el cromo (Cr). Siguiendo
estrictamente el principio de Aufbau debería presentar la configuración [Ar]4s²3d⁴,
pero los experimentos muestran que su configuración real es [Ar]4s¹3d⁵.
Algo similar ocurre con el cobre (Cu), cuya predicción teórica sería [Ar]4s²3d⁹,
mientras que la configuración observada es [Ar]4s¹3d¹⁰. En ambos casos,
un electrón del orbital 4s pasa al subnivel 3d, produciendo
subniveles semillenos o completamente llenos, estados que
resultan ligeramente más estables desde el punto de vista energético.
Estas excepciones
aparecen porque el principio de Aufbau y la regla de Madelung son
reglas empíricas aproximadas, no leyes fundamentales de la naturaleza.
Las diferencias de energía entre subniveles como 4s y 3d, o entre
6s y 4f/5d, son muy pequeñas y dependen de efectos cuánticos
complejos, como la repulsión entre electrones, el apantallamiento
y la estabilidad adicional asociada a subniveles semillenos o completos.
Por ello, en química siempre debe recordarse que los resultados
experimentales tienen prioridad sobre cualquier predicción teórica. Los
modelos sirven para explicar y predecir el comportamiento de la materia, pero
cuando una medición rigurosa contradice una regla aproximada, es la evidencia
experimental la que determina cuál es la configuración electrónica real del
elemento.
Referencias
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Zumdahl, S. S.,
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La configuración electrónica es la forma en que los electrones se distribuyen alrededor del núcleo de un átomo en diferentes niveles y subniveles de energía. Esta distribución permite comprender las propiedades químicas y el comportamiento de los elementos.
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