Los cnidocitos son células especializadas
exclusivas de los cnidarios, diseñadas para la captura de presas
y la defensa. En su interior contienen un orgánulo único llamado nematocisto,
que funciona como un arpón microscópico cargado de veneno. Estas células
se concentran principalmente en los tentáculos, donde forman una
auténtica superficie ofensiva. El nematocisto permanece enrollado bajo alta
presión osmótica, preparado para activarse ante un estímulo externo. Esta
sofisticada estructura convierte a los cnidarios, a pesar de su aparente
simplicidad, en depredadores altamente eficientes dentro de los ecosistemas
acuáticos.
El mecanismo de acción se inicia cuando una presa entra en
contacto con el gatillo sensorial del cnidocito, conocido como cnidocilio.
Este contacto provoca la descarga explosiva del filamento, que se
desenrolla en fracciones de segundo y perfora la cutícula de la presa.
Durante este proceso, el filamento actúa como un arpón, anclándose
firmemente al organismo capturado e inyectando toxinas paralizantes. La
velocidad y precisión de esta descarga hacen que el nematocisto sea uno de los
sistemas celulares más rápidos conocidos en la naturaleza, garantizando el
éxito en la inmovilización de organismos pequeños y móviles.
Una vez que la presa ha sido inmovilizada, los tentáculos
la conducen hacia la boca, donde inicia la digestión en la cavidad
gastrovascular. Además de su función alimenticia, los cnidocitos cumplen un
rol crucial en la defensa, ya que pueden activarse frente a posibles
depredadores. Este sistema celular representa una notable adaptación
evolutiva, permitiendo a los cnidarios compensar la ausencia de estructuras
complejas como mandíbulas o extremidades. En conjunto, los cnidocitos,
los nematocistos y su mecanismo de inyección venenosa constituyen
la base funcional que explica el éxito ecológico de los cnidarios, integrando sensibilidad,
ataque, defensa y supervivencia en una sola célula
altamente especializada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario