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El método
de titulación por doble volumetría es una técnica clásica para
determinar la concentración desconocida de una disolución
mediante su reacción con otra cuya concentración ha sido previamente
determinada por una relación estequiométrica conocida.
Figura 1. [Reatha
Clark King] fue una química física afroamericana, líder empresarial
y defensora de la educación STEM. Obtuvo un doctorado en química y
trabajó en ciencia, tecnología y dirección corporativa. Promovió oportunidades
para mujeres y minorías en ciencia, ingeniería y educación,
dejando un legado de liderazgo, innovación y apertura académica.
Figura 2. [François-Antoine-Henri
Descroizilles] fue un químico y farmacéutico
francés, pionero del análisis volumétrico y precursor de las titulaciones
modernas. Diseñó instrumentos graduados y métodos para determinar
concentraciones mediante volúmenes de reactivos. Su trabajo impulsó la química
analítica cuantitativa, la estandarización, el control de calidad y la
reproducibilidad experimental.
Se le llama doble
volumetría porque los dos datos clave que se utilizan para realizar el
cálculo son dos volúmenes: el volumen fijo de
disolución ácida que se mide con una pipeta aforada y se
deposita en un matraz Erlenmeyer, y el volumen variable de
disolución básica que se mide con una bureta, a medida que se va
añadiendo gota a gota hasta alcanzar el punto final. Ambos volúmenes deben
registrarse con exactitud, pues son la base de todo el procedimiento
cuantitativo.
Figura 3. El [hidróxido
de sodio] (NaOH) se presenta comercialmente en polvo o bolitas
(lenteja) y se utiliza principalmente en laboratorios para
titulación y estandarización. Es altamente corrosivo, por lo que su
manipulación requiere guantes y gafas de seguridad.
Se debe almacenar en contenedores herméticos para evitar la
absorción de humedad, lo que altera su concentración. Es crucial evitar
desperdicios debido a su alto costo y medir correctamente la masa al prepararlo
en solución.
En este tipo de
titulación, tanto el analito como el titulante son
líquidos, y se aplican dos relaciones volumétricas que convergen en un único
valor de concentración, siempre bajo la suposición de que la reacción es completa,
sin formación de productos intermedios ni equilibrios químicos. Si estas
condiciones no se cumplen, el tratamiento matemático y experimental es más
complejo y será abordado en el capítulo dedicado al equilibrio químico.
Disoluciones estándar
El proceso
experimental inicia con la preparación y estandarización de una de las
soluciones, que en los entornos escolares suele ser una disolución
básica. El reactivo más común es el hidróxido de sodio (NaOH) sólido,
que se utiliza como solución estándar primaria, ya que su masa
puede medirse directamente en una balanza con gran precisión. Se elige este
reactivo porque es más seguro de manipular que un ácido concentrado y, además,
porque los sólidos no presentan riesgos de vaporización ni de
inhalación en condiciones normales. Para medir la masa del hidróxido, se
utiliza una balanza digital de precisión (idealmente con
resolución de ±0,01 g). Es crucial tarar previamente el
recipiente de pesaje (como una cápsula o vaso de reloj) y esperar entre 5
y 10 segundos tras colocar la muestra sobre la balanza antes de leer
el valor, con el fin de que esta se estabilice.
Figura 4. Las balanzas de laboratorio
miden masa con distintos niveles de precisión. La triple brazo
es mecánica y educativa; la digital ofrece lectura rápida y uso general;
la analítica permite mediciones muy precisas, pero exige mayor cuidado,
vitrina protectora y control de corrientes de aire, vibraciones y condiciones
ambientales.
Si la balanza se
encuentra dentro de una caja protectora transparente, es
imprescindible cerrarla durante la medición, ya que incluso
pequeñas corrientes de aire pueden alterar la lectura, afectando la masa
registrada. Esta caja protege no solo contra el viento, sino también contra
el dióxido de carbono del ambiente, que puede reaccionar con
el hidróxido si permanece expuesto. Una vez obtenida la masa deseada, el sólido
se disuelve cuidadosamente en una cantidad conocida de agua destilada,
preferiblemente en un matraz aforado, lo que asegura un volumen
exacto. Esta solución de base, obtenida a partir de un pesaje preciso, se
considera estandarizada de entrada, ya que su concentración
puede calcularse directamente mediante la relación entre masa molar y volumen
final.
La segunda
disolución, denominada disolución problema, suele prepararla el
docente a partir de ácido clorhídrico (HCl) concentrado al 36
%, cuya molaridad aproximada es de 12 mol/L. Este ácido se
diluye en un balón aforado utilizando técnicas seguras de
laboratorio, como trabajar bajo campana de extracción, usar guantes
y gafas, y verter el ácido en el agua, nunca al revés. La
disolución final debe tener una concentración que esté en el rango útil para
una titulación (aproximadamente entre 0,1 y 1 mol/L) y debe ser
segura para manipulación por estudiantes. El volumen se completa hasta la marca
del balón aforado con agua destilada, asegurando exactitud. Si el
laboratorio cuenta con agitadores magnéticos, se puede usar uno
para homogenizar la disolución. En caso contrario, se recomienda que los
estudiantes agiten manualmente por turnos, manteniendo tapado
el recipiente para evitar contaminaciones.
Figura 3. El [ácido
clorhídrico] (HCl) al 37% es una solución acuosa utilizada en
la industria y laboratorios. Se emplea en la
producción de cloruros, tratamiento de metales, refinación de petróleo y
ajustes de pH en reacciones químicas. En laboratorios, se usa en titulaciones y
síntesis de compuestos. Existen versiones de grado técnico para
la industria y de grado analítico para investigaciones que
requieren alta pureza y precisión
Montaje de titulación con bureta
graduada
El montaje
experimental se inicia preparando una bureta de titulación, la cual
debe estar limpia, enjuagada con la misma base que se va a usar, y purgada para
eliminar burbujas de aire. Se llena con la disolución básica
estandarizada y se sujeta verticalmente sobre un soporte metálico. En
un matraz Erlenmeyer, se mide una alícuota de la disolución ácida
mediante una pipeta aforada, asegurando una medida precisa. A esta
se le añaden unas gotas de indicador ácido-base, como la fenolftaleína,
que permite visualizar el final de la reacción mediante un cambio de color.
La titulación se
lleva a cabo haciendo gotear la base lentamente desde la
bureta sobre el ácido, mientras se agita constantemente el
Erlenmeyer con movimientos circulares. El punto final se
alcanza cuando el color rosado aparece de forma persistente durante al
menos 30 segundos, lo que indica que se ha neutralizado todo el ácido
presente. En este momento es fundamental ser cuidadosos: se recomienda detectar
el color rosa pálido y compararlo visualmente contra el fondo
blanco de la bata de laboratorio, ya que esto facilita distinguir con mayor
precisión la aparición del indicador. Cuanto más tenue sea el color
rosado al final, mejor ha sido ejecutada la titulación, pues eso indica que
se ha llegado al punto estequiométrico exacto sin exceso de base.
Figura 3. [El montaje
de la titulación] incluye una bureta sujeta a
una barra de soporte para controlar el goteo del reactivo, con
el menisco correctamente leído a la altura de los ojos. Se utiliza un matraz
Erlenmeyer por su forma cónica que facilita la mezcla sin derrames.
El contrapeso asegura la estabilidad del conjunto durante el
proceso.
Se registra
entonces el volumen gastado de base, el cual, junto con los datos
anteriores, permite calcular la concentración exacta de la disolución ácida
mediante una relación estequiométrica entre el número de moles
de cada reactivo.
Para mejorar
la precisión y reproducibilidad del experimento, se
realizan réplicas. En cada nueva titulación, se deja fluir la base
más rápidamente al inicio, hasta alcanzar un volumen unos 5 mL menor
que el punto final anterior, y a partir de ahí se procede gota a gota
con mayor cuidado. Esta técnica permite afinar la detección del
punto final y minimizar el error experimental.
Durante todo el
procedimiento, es obligatorio llevar un registro detallado en una libreta
de laboratorio con hojas secas. Es preferible escribir
con lápiz en lugar de tinta, ya que las hojas pueden mojarse y
perder los datos. Si se dispone de dispositivos electrónicos, es
útil tomar fotografías del montaje, las lecturas de bureta,
los datos anotados y los frascos de reactivos, para poder verificar o
reconstruir la experiencia posteriormente.
Figura 4. [La fenolftaleína]
es un indicador ácido-base que cambia de incolora en soluciones ácidas a rosa o
violeta en soluciones básicas. Su rango de cambio de color es entre pH 8.2 y
10.0. En titulaciones, el punto final se alcanza cuando aparece un tono rosa
claro, cerca de pH 8.4. Continuar más allá de este punto puede introducir
errores, ya que el pH podría superar el 10.
Esta titulación por
doble volumetría es una herramienta esencial para el análisis cuantitativo. Su
correcta aplicación implica una comprensión clara de las proporciones
estequiométricas, del uso preciso de instrumentos volumétricos,
y del cuidado experimental. El desarrollo de esta práctica no solo
permite determinar con exactitud concentraciones desconocidas, sino
que también forma parte de las competencias fundamentales de cualquier
formación en química analítica, siendo base de aplicaciones en
control de calidad, industria y laboratorios clínicos.
Referencias.
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https://doi.org/10.1351/goldbook
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González Tejerina, P. (1975). Química (1ª ed.). Bogotá:
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Seager, S. L., Slabaugh, M. M., & Hansen, M. M. (2022). Chemistry
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