Un fósil es cualquier resto, rastro o señal
de la actividad biológica de un organismo del pasado que quedó preservado
de manera natural en materiales geológicos, sobre todo en rocas
sedimentarias. No se trata únicamente de “huesos petrificados”:
también pueden ser conchas, troncos, polen, dientes,
caparazones o microestructuras visibles solo al microscopio.
Para que algo sea considerado fósil, debe haber pasado suficiente tiempo
geológico y deben haber ocurrido procesos físico-químicos de
preservación, conocidos como fosilización, que impidan la descomposición.
En ese camino, el material puede cambiar su composición química por diagénesis,
deformarse por presiones geológicas, o quedar reemplazado por
minerales sin perder su morfología.
La idea moderna de fósil incluye además evidencias
indirectas de vida, porque los seres vivos no solo dejan cuerpos: dejan huellas.
Por eso también son fósiles los icnofósiles, como pisadas, rastros
de arrastre, madrigueras, nidos, huevos, marcas de
dentelladas, perforaciones por bioerosión e incluso excrementos
fosilizados o coprolitos. A veces el organismo se disuelve por
completo y solo queda su impresión, llamada molde; si ese hueco
se rellena con sedimentos o minerales, se forma un contramolde
o réplica. En otros casos, el agua subterránea deposita minerales
dentro de los poros del hueso o la madera, aumentando su
densidad: es la permineralización. Estos mecanismos explican por qué un
fósil puede ser pesado, detallado y extremadamente duradero.
Los fósiles son fundamentales porque permiten
reconstruir la historia de la vida y de la Tierra. La paleontología
los estudia, y dentro de ella la paleobiología interpreta cómo eran los
organismos; la biocronología ayuda a ubicar cuándo vivieron; y la
tafonomía analiza cómo se formó el fósil y qué sesgos
introduce el proceso. Gracias a los fósiles se pueden datar estratos (bioestratigrafía),
entender paleoambientes y cambios climáticos antiguos, y
reconocer que el registro fósil es incompleto: conserva mejor lo duro
que lo blando, y depende de condiciones excepcionales. Aun así,
ese archivo fragmentario es nuestra evidencia más directa de mundos
desaparecidos.
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