En el primer caso aparece el etanol, representando a un no electrolito. Aunque esta sustancia se disuelve en agua, sus moléculas permanecen eléctricamente neutras y no generan cantidades apreciables de iones. Como consecuencia, la disolución presenta una conductividad nula o muy baja y la bombilla permanece apagada. En contraste, el cloruro de potasio (KCl) constituye un electrolito fuerte. Al entrar en contacto con el agua, el compuesto se disocia casi completamente en iones potasio (K⁺) e iones cloruro (Cl⁻). Debido a la gran cantidad de partículas cargadas presentes, la corriente eléctrica circula fácilmente a través de la solución y la bombilla brilla con intensidad.
El tercer ejemplo corresponde al ácido acético, un electrolito débil. En este caso, solo una pequeña fracción de las moléculas se ioniza para formar iones hidrógeno (H⁺) e iones acetato (AcO⁻), mientras la mayor parte permanece como moléculas neutras. Por ello, la cantidad de portadores de carga es mucho menor que en un electrolito fuerte y la conductividad eléctrica resulta limitada. La bombilla se enciende débilmente, reflejando esta situación intermedia. La idea central resumida por la imagen es que la conductividad de una disolución no depende únicamente de que una sustancia sea soluble, sino de la cantidad de iones libres que produce al disolverse en agua.
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