miércoles, 23 de agosto de 2017

11 ENFERMEDADES Y TRATAMIENTO DEL ALCOHOLISMO

El desorden fisiológico más vinculado al alcoholismo es la resaca o guayabo. El síndrome de abstinencia del alcoholismo va de leve “resaca o guayabo” a severa y afecta principalmente al sistema nervioso central. El síndrome leve está caracterizado a la dependencia fisiológica, mientras que el síndrome severo está caracterizado por la dependencia psicológica, característica compartida por cualquier sustancia de abuso. Sin embargo algunos factores fisiológicos pueden contribuir a la dependencia a largo plazo como la anhedonia por tolerancia cruzada a los neurotransmisores endógenos (Bell et al., 2017; Most, Ferguson, & Harris, 2014). La dependencia leve o guayabo inicia entre 6 y 24 horas después de la última ingesta para individuos que aún no presentan problemas de alcoholismo. Sin embargo a medida que los episodios de consumo se hacen más habituales, el guayabo tiende a prolongarse por más de un día y llegar a una semana de dependencia física. Como cualquier síndrome de abstinencia, el guayabo decae si el cuerpo consume alcohol, reforzando la dependencia. Una vez que el individuo experimenta un guayabo que dura más de un día y que por lo tanto puede abarcar dos episodios de ingesta de alcohol se encontrará enganchado fisiológicamente a este, y seguirá bebiendo para no sentir dolor. El síndrome de abstinencia leve se caracteriza por espasmos musculares “temblores”, vómitos, dolores de cabeza por deshidratación e hipersensibilidad a la luz, pero una vez que el síndrome de abstinencia se prolonga y agrava empieza a incluir temblores prolongados en las manos, ansiedad, insomnio, alucinaciones –auditivas, visuales o táctiles –e inestabilidad del sistema nervioso autónomo.

Este es el síndrome de abstinencia fisiológico, el cual crea un refuerzo negativo del comportamiento –si no bebes de va a doler. El alcohol es un sedante-hipnótico empleado para aliviar penas psicológicas, por lo tanto crea una situación de dependencia psicológica a largo plazo que se mantiene mucho tiempo después de haberse liberado del síndrome de abstinencia. Esto crea un refuerzo positivo del comportamiento –si bebes te sentirás mejor. La tolerancia al alcohol también involucra una tolerancia cruzada a glutamato y el GABA en situaciones de normalidad, en consecuencia las experiencias placenteras previas a la exposición por alcohol disminuyen su efecto después, en términos poéticos es como si el mundo aumentara su color con el consumo, pero después fuera aún más gris que antes de la ingesta. A este efecto del alcohol y otras drogas se lo denomina anhedonia y puede durar para el alcohol por casi un año. Sin embargo el guayabo es el menor de los problemas de un consumidor crónico.

11.1 Cirrosis hepática

El primer órgano en ser afectado por el alcohol es el que se encarga de su eliminación, es decir el hígado. Recordemos que el hígado es el primer filtro de toxinas endógenos y exógenos, cuando su función disminuye se sobrecargan sus funciones en el otro sistema de órganos de filtrado, los riñones. El hígado no solo metaboliza las grasas, también regenera el ácido láctico a glucosa, en ese sentido filtra las toxinas “ácido láctico” producidas por el ejercicio, y adicionalmente se encarga de regular las grasas mediante las lipoproteínas de transporte de alta y baja densidad (Adami et al., 1992; Chuang, La Vecchia, & Boffetta, 2009; Deugnier et al., 1993; O’shea, Dasarathy, & McCullough, 2010; Tsochatzis, Bosch, & Burroughs, 2014).

Cuando el hígado es afectado por el alcohol lo primero que sucede es una disminución en la capacidad para procesar las grasas, lo cual genera una acumulación de lípidos en los hepatocitos. Cuatro o cinco tragos al día por varias semanas, son más que suficientes para comenzar a dañar el hígado e iniciar el proceso de acumulación de grasas. En esta primera etapa las células de hígado aún no están dañadas y con una abstinencia de varias semanas su funcionamiento se restaura a la normalidad.

Adicionalmente el alcohol incrementa la acumulación de grasas por dos rutas. La primera es que las bebidas alcohólicas poseen un contenido de carbohidratos no fermentados residuales que contribuye a su sabor, pero que pueden ser anabolizados a grasas por el cuerpo humano. Adicionalmente cada molécula de alcohol puede en potencia generar dos NADH+ que sirven para crear energía en la cadena de transporte de electrones, disminuyendo la necesidad de quemar glucosa o grasa por parte del cuerpo.

Cuando las hepatocitos alcanzan su límite de acumulación de grasas explota, y el sistema inmune los encierra en un tejido cicatrizante que no posee función de filtro metabólico al cual llamamos quiste. A medida que los quistes se acumulan, la función de filtro disminuye y la acumulación de grasas aumenta, los riñones también se sobre-esfuerzan lo cual retroalimenta la acumulación de toxinas en el cuerpo. Con el tiempo se genera la inflamación generalizada del hígado, proceso denominado hepatitis alcohólica. A medida que los quistes se fusionan en cicatrices más profundas la función hepática disminuye aún más, condición conocida cono cirrosis, impidiendo que la sangre fluya por el hígado, lo cual es especialmente para el sistema porta que viene del intestino con los nutrientes. Con el atascamiento del sistema circulatorio porta intestinal el intestino se atora y empiezan a reventare sus capilares, lo cual causa sangrado intestinal, mientras que los riñones sobrecargados renuncian a su función por sobrecarga y agotamiento, lo cual crea desequilibrios osmóticos y acumulación de líquidos.

Una vez que los riñones y el hígado fallan es cuestión de tiempo hasta que las toxinas del metabolismo basal destruyan el cuerpo conllevando a la muerte. Adicional a la cirrosis, estadísticamente se ha demostrado que el alcoholismo es una causa de riesgo para el desarrollo de cáncer del sistema gastrointestinal, y que al combinar los factores de riesgo del alcoholismo con el consumo de tabaco el índice de formación de tumores aumenta exponencialmente.

11.2 Efectos del alcohol en el sistema circulatorio y el cáncer

El alcohol tiene una relación ambivalente con el sistema circulatorio que depende de la cantidad que se consume al día. UNA sola copa al día estadísticamente disminuye la probabilidad de un ataque al corazón o de un derrame cerebral. Los mecanismos de este proceso aún no están del todo claros, pero se hipotetiza que el alcohol mejora la producción de lipoproteínas de alta densidad en el hígado. Las lipoproteínas de alta densidad o HDL por sus siglas en inglés son conglomerados de proteínas, fosfolípidos y colesterol que recolecta grasa acumulada en las arterias y las reenvía al hígado. Eso tiene sentido con los inicios de la cirrosis que es una acumulación de grasas en el hígado (Dai, Mukamal, Krasnow, Swan, & Reed, 2015; Matsumoto, Miedema, Ofman, Gaziano, & Sesso, 2014; Rader & Hovingh, 2014). En consecuencia consumir suficiente alcohol para enviar más grasa al hígado es bueno ya que impide que estas se acumulen en capilares donde pueden provocar la enfermedad de los vasos sanguíneos que denominamos arteriosclerosis. Cuando el consumo de alcohol aumenta el hígado recibe más grasa, pero ya no puede procesarla, provocando la acumulación, la explosión de los hepatocitos saturados de grasa, la enquistación y la cirrosis.

El aumento crónico de alcohol en la sangre favorece la mutación de los tejidos en contacto con él, lo cual favorece la formación de tumores en cualquier parte del cuerpo, al ser una toxina lastima los vasos sanguíneos y el corazón, por lo que estos aumentan su tamaño ara mantener la homeostasis del cuerpo. El corazón de un alcohólico puede ser del doble del tamaño de un corazón normal. En la imagen siguiente podemos apreciar a la izquierda un corazón no alcohólico y a la derecha un corazón alcohólico

11.3 Medicamentos para combatir el alcoholismo

11.3.1 Benzodiacepinas

(Valium® and Xanax®), Tratamiento del syndrome de abstinencia. 
Aumenta la actividad de GABA, restringiendo la "excitabilidad" del cerebro durante su retirada del alcohol, permitiendo que el cerebro restaure su equilibrio natural. Sin embargo hay que estar pendientes para que no se genere dependencia a estas  (Gudin, Mogali, Jones, & Comer, 2013; Nutt, Adinoff, & Linnoila, 1989).

11.3.2 Disulfiram 

(Antabuse®), Prevención del consumo de alcohol. Bloquea los receptores opioides involucrados en las agradables sensaciones asociadas con el consumo de alcohol. Es peligrisísimo consumir alcohol bajo los efectos del Antabuse debido a que la concentración de acetaldehído/etanal aumenta mucho, generando los efectos del síndrome de enrojecimiento asiático (enlace →)  (Lindros, Stowell, Pikkarainen, & Salaspuro, 1981; Melo, Lopes, & Alves, 2014).

11.3.3 Acamprosate 

(Campral®) Mantenimiento de la abstinencia. Pensado para moderar la actividad del glutamato y reducir parte de la hiperactividad asociada con la abstinencia de alcohol  (Besson, Aeby, Kasas, Lehert, & Potgieter, 1998; Kranzler & Kirk, 2001).

11.4 Estudiando el efecto del alcohol en el cerebro

Los métodos de imagen poderosos ahora permiten a investigadores estudiar cómo el alcohol afecta sistemas y estructuras diferentes del cerebro. Algunos de estos métodos incluyen tomografía por emisión de positrones (PET), potenciales relacionados con eventos (ERP), resonancia magnética y espectroscopía de resonancia magnética (MRI / MRS). Estos métodos son especialmente útiles porque permiten a los investigadores ver, en tiempo real, cómo el alcohol cambia el cerebro humano. Estas técnicas de imagen, cuando se usan con alcohólicos, no alcohólicos y niños de alcohólicos, pueden ayudar a identificar factores de riesgo genético para el alcoholismo. El PET se utiliza para hacer un seguimiento de los cambios que causa el uso de alcohol en los sistemas específicos de neurotransmisores, cambios que pueden ser la causa de los efectos placenteros a corto plazo del alcohol (es decir, intoxicación) y los efectos perjudiciales a largo plazo (es decir, dependencia del alcohol) . La tecnología PET permite a los investigadores ver cómo se comportan estas moléculas. Por ejemplo, los investigadores están utilizando PET para realizar un seguimiento de la actividad de la dopamina, un neurotransmisor que se cree que contribuye al alcoholismo. Con esta información, los investigadores pueden identificar partes específicas del sistema de dopamina que podrían ser dirigidas para el desarrollo de medicamentos para tratar el alcoholismo  (NIH, 2009).

Usando el ERP, los investigadores han identificado marcadores que aparecen en el cerebro de los alcohólicos y en los niños de alcohólicos (una población que está en alto riesgo de desarrollar alcoholismo). Un marcador es una característica distinta que puede asociarse con un cierto grupo de personas. Tales marcadores pueden ser útiles para identificar a las personas que están en riesgo de alcoholismo. Por ejemplo, los científicos han encontrado que ciertas corrientes eléctricas en el cerebro (medida por una onda cerebral llamada P300) son diferentes en personas que están en riesgo de alcoholismo. Las investigaciones demuestran que los alcohólicos tienen una onda cerebral aturdida P300; Es decir, el pico de la onda cerebral es mucho menor que en personas sin un trastorno por consumo de alcohol. Por otra parte, esta diferencia en P300 pico es evidente en los niños de alcohólicos, incluso antes de que hayan tomado su primera bebida. Algunos marcadores relacionados con el alcoholismo también se encuentran con otros trastornos de salud mental, incluyendo trastornos de uso de drogas, trastorno de personalidad antisocial, trastorno de conducta y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (para una revisión, véase 8), lo que sugiere que puede haber una conexión genética entre todos De estos trastornos  (NIH, 2009).

Además de los estudios de imágenes, los investigadores también están utilizando animales para estudiar el alcoholismo. Los resultados de estos estudios pueden ayudar a los investigadores a entender mejor cómo tratar el alcoholismo en los seres humanos. En particular, los modelos animales ayudan a los científicos a estudiar los vínculos genéticos involucrados en el alcoholismo. Los investigadores pueden "desactivar" los genes que pueden estar involucrados en la adicción al alcohol en animales de laboratorio, dándoles una idea de cómo estos genes afectan el comportamiento de un animal. Por ejemplo, un modelo animal podría mostrar si un animal seguirá buscando alcohol una vez que se haya desactivado un gen específico. Los investigadores también pueden trabajar con pequeños grupos de células de cerebros de animales y estudiar los efectos del alcohol a nivel celular. Los estudios en animales permiten a los investigadores explorar cómo el alcohol daña el cerebro y cómo el cerebro comienza a recuperarse de este daño con la abstinencia de beber. Estudios en ratas muestran que las, "borracheras" pueden dañar el cerebro causando la muerte de neuronas y otros componentes como células gliales. Estas lesiones cerebrales pueden causar algunos de los cambios en el pensamiento y el comportamiento que se asocian con la dependencia del alcohol en los seres humanos. Estudios en animales sugieren que el cerebro puede recuperarse al menos parcialmente de este daño. Uno de los métodos que se investigan es el uso de células madre neurales que, con el tiempo, pueden ayudar a rehacer nuevas neuronas y reparar el daño al sistema de comunicación cerebral  (NIH, 2009).

11.5 Detección de alcohol en sangre

La oxidación del dicromato de potasio del etanol al ácido acético es la base para la forma original de la prueba del alcohol por aliento usada por las agencias de aplicación de ley para determinar el contenido de alcohol de la sangre de una persona. La prueba se basa en la diferencia de color entre el ion dicromato (naranja rojizo) en el reactivo y el ion cromo (III) (verde) en el producto. Por lo tanto, el cambio de color de naranja rojizo a verde se puede utilizar como una medida de la cantidad de etanol presente en una muestra de la respiración de una persona  (Brown, Iverson, Anslyn, Foote, & Novak, 2018).

En su forma más simple, una prueba de cribado de aliento alcohólico consiste en un tubo de vidrio sellado que contiene cromato III de potasio. La concentración de etanol en la respiración se estima entonces midiendo hasta qué punto el color verde se extiende a lo largo de la longitud del tubo. Cuando el color verde se extiende más allá del punto medio, se juzga que la persona tiene un contenido de alcohol en la sangre suficientemente alto para justificar una prueba más precisa. El Breathalyzer, un dispositivo de prueba más preciso, funciona con el mismo principio que la prueba de detección simplificada. En un ensayo de alcoholemia, se burbujea un volumen de aire a través de una solución de dicromato de potasio en ácido sulfúrico acuoso y el cambio de color se mide espectrofotométricamente. Estas pruebas miden el alcohol en la respiración  (Brown, Iverson, Anslyn, Foote, & Novak, 2018). La definición legal de estar bajo la influencia del alcohol, sin embargo, se basa en el contenido de alcohol en la sangre, no el contenido de alcohol de la respiración. La correlación química entre estas dos mediciones es que el aire profundo dentro de los pulmones está en equilibrio con la sangre que pasa a través de las arterias pulmonares, y se establece un equilibrio entre el alcohol en sangre y el alcohol en el aliento. Se ha determinado mediante pruebas en una persona que bebe alcohol que 2100 ml de aliento contiene la misma cantidad de etanol que 1,00 ml de sangre.

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