domingo, 16 de julio de 2017

6 ALQUENOS, DIDACTICA Y LIBROS DE TEXTO

He de confesar que mi instrucción básica no es en química orgánica sino en microbiología, por lo que cuando estudié el tema de los alquenos, sus propiedades químicas no me parecieron tan relevantes, en el sentido de que las percibí como  trabajo de síntesis no biológicas, y para ser francos memorizarse las propiedades junto con sus correspondientes mecanismos es un ladrillo cerebral que se olvida rápidamente.  Cuando tuve que enseñar química orgánica por accidentes del destino la enseñé como me la enseñaron, si, es un pecado que no me enorgullece confesar, mas sin embargo en este momento con la segunda versión de estos temas de química orgánica para el Blog he decidido tratar de contextualizar cada una de las familias de sustancias orgánicas. Ahora bien, ¿Cómo contextualizar las propiedades químicas de los alquenos más allá de las síntesis orgánicas sin pisar temas que correspondan a otros grupos sustituyentes? 

De todas las propiedades del enlace doble, la síntesis de plásticos es quizá la que nos afecta con mayor énfasis (Clarke, 2014; Lokensgard, 2016), después de todo estoy escribiendo en un teclado de plástico, con un ratón de plástico en un ordenador hecho con plástico, probablemente las fibras de la ropa y zapatos que llevo son de plástico, el plástico como derivado de los alquenos nos rodea profundamente, pero al mismo tiempo hay un silencio sepulcral en la mayoría de los textos, que deciden hablar mejor de los terpenos. La importancia de los libros de texto es indiscutible, los Estados y las organizaciones de la sociedad civil los utilizan para definir qué conocimiento transmitir a la próxima generación y qué competencias fomentar. Los libros de texto a menudo se convierten en una cuestión política porque reflejan el canon educativo de una sociedad y los constantes procesos de negociación que la conforman. Al mismo tiempo, a través de su selección de contenido y pedagogía, los libros de texto pueden contribuir significativamente a la educación para la paz, educación en derechos humanos, educación para la ciudadanía global y educación para el desarrollo sostenible, dotando a los jóvenes con la capacidad de llegar a opiniones independientes libres de perjudicar (UNESCO, 2017). Ahora, no digo que los textos que no hablen de los plásticos sean invenciones malignas, el problema radica en nuestra responsabilidad para tratar de contextualizar mejor un grupo de sustancias que pasamos de largo solo como si fueran dos carbonos unidos por un enlace doble y pase al siguiente capítulo de alquinos. En ese orden de ideas diría que es nuestra responsabilidad como educadores contextualizar, después de todo la mayoría de la población con la que se trabaja a niveles básicos no serán científicos, y los que lo sean probablemente no serán químicos orgánicos que trabajen en síntesis, pero todos serán ciudadanos, lo cual plantea una serie diferente de problemas y responsabilidades.

La mayoría de los libros de texto de ciencias son de naturaleza no temática. Están estructuradas linealmente, gobernadas en gran parte por consideraciones curriculares que tienden hacia bloques de aprendizaje (UNESCO, 2017). Estos bloques se organizan generalmente en una secuencia dirigida a proporcionar el conocimiento fundamental para el estudio posterior de alto nivel. Rara vez se abordan cuestiones de desarrollo sostenible en el contexto, aparte de los estudios de casos que ayudan al aprendizaje de los sujetos o como aspectos interesantes. Pocas demandas se hacen de los estudiantes para investigar o contextualizar las ediciones para sí mismos. Esto es comprensible ya que, en el contexto de las prioridades educativas actuales, el mayor énfasis está en adquirir el conocimiento de la materia para el entrenamiento de especialistas altamente tecnificados, engranajes inmisericordes en un engranaje sin una mayor visión del futuro que producir dinero de manera inmediata. Sin embargo la ciencia es mucho más que un currículo, y sus aplicaciones tecnológicas son demasiado poderosas como para dejarlas a la deriva. En ese orden de ideas, los futuros ciudadanos deben dejar de ser concebidos en la dualidad de productores o consumidores de tecnologías, también deben, de manera informada, tomar decisiones a cerca de proyectos que los afectan de manera inmediata y de manera futura.

La química tiene mala fama, y no solo es porque se trata de una ciencia altamente abstracta, también se da el hecho de que se percibe como la fuente de todos los males, de la contaminación que aqueja a nuestra sociedad moderna, y hasta cierto punto esta es una percepción realista, sin embargo vale la pena hilar de manera un poco más delgada. Más o menos después de la segunda guerra mundial fue necesario el establecimiento de nuevas industrias que apoyaran los esfuerzos para el restablecimiento de la industria de la postguerra, por lo que se diseñaron nuevos productos para estimular el consumo y de allí las economías de países como Estados Unidos. Los plásticos en ese contexto sirvieron como una fuente inagotable de productos y materiales para hacer virtualmente cualquier cosa, de manera estandarizada y de manera limpia. Tal vez el defecto de estas primeras industrias fue la de asumir que nuestro planeta era ilimitado, lo cual de cierta manera es siempre el gran pecado de los economistas. Fue durante la siguiente década, los años 60 que empezaron surgir las primeras voces de alarma, como por ejemplo en la contaminación atmosférica gracias a los esfuerzos de Clair Cameron Patterson  por determinar la edad de la Tierra (Davidson, 1999; Flegal, 1998; Patterson, 1965), pero en el área de las síntesis químicas Rachel Carson en su libro primavera silenciosa también realizó un gran trabajo en señalar los peligros de saturar el ambiente con sustancias orgánicas que no se biodegradan con facilidad (Carson, 1962).

De esta manera siempre se han generado una especie de dos bandos, los científicos que trabajan para las industrias y los científicos que trabajan en instituciones públicas con mayores libertades para señalar los peligros de una depredación capitalista fuera de todo control. Sin embargo la mala imagen de la química ha ido aumentando a tal punto de que existe una crisis en países desarrollados para el reclutamiento de especialistas (Wong, 2016), eso por no mencionar la fuerte tendencia anti-cientificoca que reniega de todo lo que suene a química como en el movimiento de los antivacunas (Dubé, Vivion, & MacDonald, 2015). Lo importante aquí es no caer en los extremos, por un lado el de tecnócratas que desean obtener riqueza imponiendo a la fuerza el inmenso poder del desarrollo científico, y por otro lado en de los anti-intelectualistas que despotrican de todo avance científico. Lo peor de todo es que la única manera de saber que tan perjudicial es algo a nivel químico es por medio del reclutamiento de especialistas en la rama y que sean financiados, de lo contrario quedaremos estancados en viejas y contaminantes tecnologías.

Sin embargo también hay que señalar que este sesgo se debe a que muchas veces elegimos basarnos en los libros de texto con los cuales estudiamos tradicionalmente. Por ejemplo, en mi experiencia personal yo estudié con la serie de Solomon (Solomons, Fryhle, & Snyder, 2014; Solomons & Fryhle, 2004, 2007) la cual trae pocas alusiones al problema de los plásticos, sin embargo es posible si se hace una indagación algo más minuciosa de la diversidad de libros de texto existente encontrar uno con más información, por ejemplo (Bruice, 2016) quien dedica todo el capítulo 27 a los polímeros, que aunque sigue siendo en un contexto muy técnico, al menos da algunas referencias a aditivos peligrosos como los ftalatos, así como a la polimerización de versiones biodegradables, lo anterior implica que en el fondo la responsabilidad es mas nuestra que del libro de texto. 

En lo personal el punto es simple, la única manera de tomar el toro por los cuernos es dejar de ocultar los detalles incómodos de algunas de las unidades temáticas que trabajamos, en este caso, los humildes alquenos nos ofrecen una puerta de entrada al problema de los plásticos, problema que si no resolvemos, amenaza con sepultarnos en nuestras propias creaciones. Dejemos pues de enfocarnos en dar nombrecitos cool a secuencias teóricas y enfoquémonos en lo verdaderamente importante. Ahora dado que el problema de los plásticos es tan gordo, le dedicaremos los siguientes capítulos de la presente unidad.


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