domingo, 16 de julio de 2017

10 EL PROBLEMA DE LOS PLÁSTICOS, CONTAMINACIÓN AMBIENTAL

Hay algunos relatos de los efectos de los desechos de los hábitats terrestres, por ejemplo la ingestión por el condor de California en peligro de extinción, Gymnogyps californianus (Mee et al., 2007).

Sin embargo, la gran mayoría del trabajo que describe las consecuencias ambientales de los desechos plásticos es de los mares y más trabajo en los hábitats terrestres y de agua dulce es necesario. Los escombros plásticos causan problemas estéticos, y también presenta un peligro para las actividades marítimas, incluyendo la pesca y el turismo (Moore 2008; Gregory 2009). Las redes de pesca desechadas resultan en la pesca fantasma que puede resultar en pérdidas para las pesquerías comerciales (Moore 2008; Brown & Macfadyen 2007). Los restos plásticos flotantes pueden ser rápidamente colonizados por organismos marinos y, debido a que pueden persistir en la superficie del mar durante períodos sustanciales, pueden facilitar posteriormente el transporte de especies no nativas o "exóticas" (Barnes 2002, Gregory 2009). Sin embargo, los problemas que atraen la mayor parte de la atención del público y de los medios de comunicación son los que resultan en la ingestión y el enredo de la vida silvestre. 

Se ha informado que más de 260 especies, incluyendo invertebrados, tortugas, peces, aves marinas y mamíferos, ingieren o se enredan en los desechos plásticos, lo que provoca alteraciones en el movimiento y la alimentación, disminución de la producción reproductiva, laceraciones, úlceras y muerte. Gregory 2009). Los limitados datos de monitoreo sugieren que las tasas de enredo han aumentado con el tiempo (Ryan et al., 2009). Se sabe que una amplia gama de especies con diferentes modos de alimentación, incluyendo alimentadores de filtro, alimentadores de depósito y detritivores, ingieren plásticos. 

Sin embargo, es probable que la ingestión sea particularmente problemática para las especies que seleccionan específicamente artículos de plástico porque los confunden con su comida. Como consecuencia, la incidencia de la ingestión puede ser extremadamente alta en algunas poblaciones. Por ejemplo, el 95% de los fulmares "Procellariidae" muertos en el Mar del Norte tienen plástico en sus tripas, con cantidades sustanciales de plástico que se reportan en las tripas de otras aves, incluyendo albatros y priones. Existen datos muy buenos sobre la cantidad de escombros ingeridos por las aves marinas registradas en las canales de aves muertas. Este enfoque se ha utilizado para monitorear patrones temporales y espaciales en la abundancia de desechos plásticos de la superficie del mar en escalas regionales alrededor de Europa (Van et al., 2005).

Un área de particular preocupación es la abundancia de pequeños fragmentos de plástico o microplásticos. Fragmentos tan pequeños como 1,6 μm han sido identificados en algunos hábitats marinos, y parece probable que haya piezas aún más pequeñas por debajo de los niveles actuales de detección. Un taller reciente convocado en los Estados Unidos por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica concluyó que los microplásticos se definen como piezas de menos de 5 mm con un límite sugerido de tamaño menor de 333 μm para centrarse en los microplásticos que serán capturados usando métodos de muestreo convencionales (Arthur et al. Al., 2009). Sin embargo, consideramos importante que la abundancia de fragmentos aún más pequeños no sea descuidada. Los fragmentos de plástico parecen formarse por el deterioro mecánico y químico de los artículos más grandes. Las vías alternativas para que los microplásticos penetren en el medio ambiente incluyen la liberación directa de pequeños trozos de plástico que se usan como abrasivos en aplicaciones industriales y domésticas de limpieza (por ejemplo, chorreado o depuradores utilizados en limpiadores de manos patentados) y el derrame de pellets y polvos de plástico que se usan como materia prima para la fabricación de la mayoría de los productos de plástico. Los datos de las costas, de los mares abiertos y de los escombros ingeridos por las aves marinas, indican que las cantidades de fragmentos de plástico están aumentando en el ambiente y las cantidades en algunas costas son sustanciales (> 10% ). Experimentos de laboratorio han demostrado que pequeñas piezas como estas pueden ser ingeridas por pequeños invertebrados marinos incluyendo alimentadores de filtro, alimentadores de depósitos y detritivoros (Thompson et al., 2004), mientras que los mejillones retienen plástico por más de 48 días (Browne et al., 2008 ). Sin embargo, la extensión y las consecuencias de la ingestión de microplásticos por las poblaciones naturales no se conocen.

Se ha especulado mucho que, si se ingiere, el plástico tiene el potencial de transferir sustancias tóxicas a la cadena alimentaria (véase Teuten et al., 2009). En el medio marino, se ha demostrado que los desechos plásticos, como los pellets, los fragmentos y los microplásticos, contienen contaminantes orgánicos como los bifenilos policlorados (PCB), los hidrocarburos aromáticos policíclicos, los hidrocarburos de petróleo, los plaguicidas organoclorados (2,2'-bis (p-clorofenil) 1,1,1 tricloroetano (DDT) y sus metabolitos, junto con hexano hexaclorado (HCH)), difeniléteres polibromados (PBDE), alquilfenoles y BPA a concentraciones que van desde ng/g a μg/g. Algunos de estos compuestos se añaden a los plásticos durante la fabricación, mientras que otros se adsorben a los residuos plásticos del medio ambiente. El trabajo en Japón ha demostrado que los plásticos pueden acumular y concentrar contaminantes orgánicos persistentes que han surgido en el ambiente de otras fuentes. Estos contaminantes pueden convertirse en órdenes de magnitud más concentrados en la superficie de los desechos plásticos que en el agua de mar circundante (Mato et al., 2001). Teuten et al. (2009) describen experimentos para examinar la transferencia de estos contaminantes de plásticos a aves marinas y otros animales. El potencial de transporte varía entre contaminantes, polímeros y, posiblemente, también según el estado de meteorización ambiental de los escombros.

Estudios recientes de modelos matemáticos han demostrado que incluso cantidades muy pequeñas de plásticos podrían facilitar el transporte de contaminantes desde el plástico a los organismos tras la ingestión. Esto podría representar una ruta directa e importante para el transporte de productos químicos a animales superiores como las aves marinas (Teuten et al., 2007, 2009), pero dependerá de la naturaleza del hábitat y la cantidad y tipo de plásticos presentes. Por ejemplo, la medida en que la presencia de partículas plásticas podría contribuir a la carga total de contaminantes transferidos del ambiente a los organismos dependerá de la sorción competitiva y el transporte por otras partículas (Arthur et al., 2009). La abundancia de fragmentos de plástico está aumentando en el ambiente; Estas partículas, especialmente las verdaderamente microscópicas menores a los 333 μm propuesta por NOAA, tienen una superficie relativamente grande proporción de volumen que es probable que facilitan el transporte de contaminantes, y debido a su tamaño, tales fragmentos pueden ser ingeridos por una amplia gama de organismos. Por lo tanto, el potencial de los plásticos para transportar y liberar químicos a la vida silvestre es un área emergente de preocupación.

Se necesitará más trabajo para establecer la relevancia ambiental de los plásticos en el transporte de contaminantes a los organismos que viven en el medio natural y hasta qué punto estos productos químicos podrían transportarse a lo largo de las cadenas alimentarias. Sin embargo, ya hay pruebas claras de que los productos químicos asociados con el plástico son potencialmente dañinos para la vida silvestre. Los datos que se han recogido principalmente utilizando exposiciones de laboratorio se resumen en Oehlmann et al. (2009). Estos muestran que los ftalatos y el BPA afectan la reproducción en todos los grupos animales estudiados y dificultan el desarrollo en crustáceos y anfibios. Los moluscos y los anfibios parecen ser particularmente sensibles a estos compuestos y se han observado efectos biológicos en el intervalo de ng/l a μg/l. En contraste, la mayoría de los efectos en los peces tienden a ocurrir en concentraciones más altas. La mayoría de los plastificantes parecen actuar interfiriendo con la función hormonal, aunque pueden hacerlo mediante varios mecanismos (Hu et al., 2009). Los efectos observados en el laboratorio coinciden con las concentraciones ambientales medidas, por lo que existe una probabilidad muy real de que estos químicos estén afectando a poblaciones naturales (Oehlmann et al., 2009). Las concentraciones de BPA en ambientes acuáticos varían considerablemente, pero pueden alcanzar 21 μg/l en sistemas de agua dulce y las concentraciones en sedimentos son generalmente varios órdenes de magnitud más altas que en la columna de agua. Por ejemplo, en el río Elba, Alemania, el BPA se midió a 0,77 μg/l en agua en comparación con 343 μg/kg en sedimento (peso seco). Estos hallazgos están en marcado contraste con la evaluación de riesgo ambiental de la Unión Europea que predice concentraciones ambientales de 0,12 μg/l para agua y 1,6 μg/kg (peso seco) para sedimentos.

Los ftalatos y el BPA pueden bioacumularse en organismos, pero hay mucha variabilidad entre especies e individuos según el tipo de plastificante y el protocolo experimental. Sin embargo, los factores de concentración son generalmente más altos para los invertebrados que los vertebrados, y pueden ser especialmente altos en algunas especies de moluscos y crustáceos. Si bien existen pruebas claras de que estos productos químicos tienen efectos adversos en concentraciones ambientalmente relevantes en los estudios de laboratorio, es necesario seguir investigando para establecer los efectos a nivel de población en el medio natural (véase la discusión de Oehlmann et al. Los efectos a largo plazo de las exposiciones (en particular debido a la exposición de los embriones), determinar los efectos de la exposición a las mezclas de contaminantes y establecer el papel de los plásticos como fuentes (aunque no exclusivas) de estos contaminantes (véase Meeker et al. Para discusión de fuentes y rutas de exposición).

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