sábado, 10 de junio de 2017

4 EL SISTEMA DE LINNEO Y LA EDAD DE LOS IMPERIOS COLONIALES

A pesar de lo apasionante que puede ser la historia del mundo de la edad media, en términos de taxonomía la cosa fue bastante aburrida, a lo sumo se dieron aportes expandiendo los conocimientos de las categorías taxonómicas establecidas por Aristóteles y otros autores clásicos, pero no se dio una reestructuración de los criterios de clasificación. De hecho, la necesidad de generar nuevas formas para nombrar y clasificar siempre ha estado asociada al descubrimiento de nuevas fronteras, con nuevos seres vivos, en otras palabras a la exploración de nuevos mundos. Es por esto que nuestra historia de la taxonomía hace un salto cuántico, desde casi entrado el siglo V después de Cristo, hasta el siglo XV, un vacío de mil años. En esta nueva época se generaron nuevas tecnologías para explorar, el telescopio, el catalejo, la brújula, el compás, nuevos barcos con nuevos tipos de madera capaces de resistir el efecto degradante del agua salada de alta mar.

Solo hasta que todos estos elementos de conjugaron con la actitud política de navegar más allá de las columnas de Heracles “estrecho de Gibraltar” fue que una nueva era de exploración nació con Cristóbal Colón. El descubrimiento de América marca un hito importante en la historia de la taxonomía, ya que todos los grandes imperios se lanzan en una carrera por la conquista de nuevos territorios, por nueva mano de obra, más recursos. Aunque estos recursos durante al menos un siglo fueron metales como el oro o la plata, posteriormente pasaron a ser de una índole biológica. Hacia el siglo XVIII los imperios de Inglaterra, Francia, España y Holanda ya habían establecido firmes colonias en ultramar, pero su avidez por riqueza hacia que el oro extraído fuera insuficiente, por lo que sus nuevos esfuerzos se enfocaron por la búsqueda de nuevos cultivos con propiedades especiales para el comercio (Baber, 2016; S. Forbes, 2008; Schiebinger & Swan, 2007).

De esta manera surgieron las esperanzas de la quina, el tabaco, la caña de azúcar. Sin embargo con la era de exploración también de dio una era de descubrimientos, no solo de especies vegetales, sino también de animales de todas clases. Los estantes de los coleccionistas se empezaron a llenar de nuevos ejemplares, y un creciente caos se apodero de los sistemas para nombrar las especies.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.1 La historia natural, una ciencia de coleccionistas

Ernest Rutherford trabajó en física, con métodos físicos y cálculos físicos… le dieron el premio Nobel de química (…), enojado proclamó unas palabras que ofenderían amor propio de muchos científicos y disciplinas a lo largo del planeta “la única ciencia real es la Física, lo demás es filatelia” (Guiry, 2012; Johnson, 2007; Wilkins & Ebach, 2013). La filatelia es la afición a coleccionar sellos y sobres postales, y esta comparación es más que pertinente para los orígenes de la taxonomía, y de la biología misma. La Historia Natural por milenios fue de hecho una filatelia, un arte de coleccionistas, de hecho el propio Charles Darwin se inició por los caminos de la historia natural recolectando insectos del campo, catalogándolos y organizándolos en colecciones.

Las clasificaciones de los seres vivos debían obedecer a los cánones establecidos por dos autores clásicos, que filosofías opuestas, Platón y Aristóteles. De Platón se tomaba la Gran Cadena del Ser, concepto que ya hemos discutido con anterioridad. En la gran cadena del ser todos los seres vivos están dispuestos en una organización teleológica y escalar, en el extremo superior se encuentra Dios/dioses, luego los seres celestiales, luego el hombre, por debajo la mujer y por debajo las demás criaturas vivientes del mundo.

De Aristóteles se tomó la noción de dividir al mundo natural en tres grandes grupos o reinos, el Vegetal, el Animal y el Mineral. Nuevamente asumimos al mineral como un reino en toda regla ya que muchos autores de la época de Linnaeus aun abogaban por la Alquimia, donde se consideraba a los materiales como el oro, la plata o los cristales preciosos como entidades vivas.

A pesar de ser Filatelia, las colecciones naturales de seres vivos poseían un enorme poder, el conocimiento, al saber las especies de animales y vegetales de sus territorios, los gobernantes podían estimular los cultivos de ciertas especies en ciertas zonas de sus territorios. Una planta encontrada en una colonia pequeña o una exploración aventurera podía ser llevada a una colonia más estable y grade, con mayor población y clima semejante para explotarla. Sin embargo la organización era clave, reconocer que la planta que era llevada a la corte era la misma enviada a las colonias para el cultivo era la misma se hizo preponderante, de allí surgió la necesidad de crear un sistema de clasificación, reconocimiento y nombramiento de las especies naturales. El método de clasificación que más impacto ha tenido fue establecido en el siglo XVIII por Carlos Linnaeus, el cual rápidamente lo convirtió en la autoridad más importante de Europa en términos de Historia Natural (Baber, 2016; S. Forbes, 2008; Schiebinger & Swan, 2007).

4.2 Los herboristas

No fue sino hasta fines del siglo XVI que las obras taxonómicas se volvieron lo suficientemente originales como para reemplazar las antiguas obras griegas. Una de las razones para ello fue el desarrollo de lentes ópticas, lo que permitió estudiar detalles en las diferentes especies inalcanzables para los griegos. La recolección de especímenes se convirtió en parte de las ciencias crecientes, especialmente la así llamada Historia Natural, y el énfasis se volvió de los aspectos médicos a los aspectos taxonómicos para la creación de colecciones. El prestigio regional e institucional también empezó a ser representado en términos de que tan completa era la colección de especímenes botánicos descritos con sus propiedades farmacológicas. Uno de los primeros autores fue Caesalpino (1519-1603) en Italia, a quien a veces se le llama "el primer taxonomista". En 1583 escribió De Plantis (Manktelow, 2010; Sloan, 1972), una obra que contenía 1500 especies. Su clasificación se basó en el modo de crecimiento junto con la forma de frutos y semillas, al igual que la de Teofrasto. Algunos grupos que él acuñó todavía son reconocidos, como las familias Brassicaceae y Asteraceae.

Los hermanos suizos Bauhin (1541-1631; 1560-1624) escribieron la obra Pinax Theatri Botanici en 1623 (S. J. Forbes, 2016; Manktelow, 2010; Ogilvie, 2003; Selosse, 2005). La palabra Pinax significa registro, y la obra es una lista de 6000 especies. Los hermanos Bauhin incluían sinonimias, que era una gran necesidad de la época debido a que no se había estandarizado un sistema de nomenclatura universal. Por esta época, las especies eran conocidas con muchos nombres diferentes en diferentes libros, y Pinax Theatri Botanici puso de manifiesto el problema de la confusión de las lenguas en el mundo taxonómico que mencionamos en capítulos anteriores con el caso del lobo. Los hermanos Bauhin reconocieron géneros y especies como importantes niveles taxonómicos, aunque no con el mismo significado que empleamos actualmente.

El naturalista inglés John Ray (1627-1705) escribió varias obras importantes a lo largo de su vida. Su contribución más importante fue el establecimiento de especies como la unidad fundamental de la taxonomía. En 1682 publicó Methodus Plantarum Nova, que contenía alrededor de 8000 especies de plantas, resultado de un concepto de especie relativamente estrecho. Su complicada clasificación se basaba en muchos personajes combinados, en contraposición a los taxonomistas anteriores. Ray tenía como objetivo publicar un sistema completo de la naturaleza, que incluía obras sobre mamíferos, reptiles, pájaros, peces e insectos, entre los que se incluía el trabajo taxonómico entomológico pionero (Atran, 1987; Manktelow, 2010; Müller-Wille & Scharf, 2009; Sloan, 1972).

En Francia Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708) construyó una clasificación botánica que llegó a gobernar en la taxonomía botánica hasta la época de Carl Linnaeus. En 1700 publicó Institutiones Rei Herbariae, en el cual alrededor de 9000 especies fueron enumeradas en 698 géneros. Puso el énfasis principal en la clasificación de géneros, y muchos géneros fueron aceptados por Linnaeus y todavía en uso hoy. La clasificación de la planta de Tournefort se basó exclusivamente en caracteres florales. El sistema de Tournefort fue el utilizado por Linnaeus como un joven estudiante, pero mientras que Tournefort negó la presencia de la sexualidad en las plantas, Linnaeus, por el contrario, basó su sistema en ese argumento (Charmantier, 2011; Llana, 2000; Manktelow, 2010; Müller-Wille & Charmantier, 2012; Rouhan & Gaudeul, 2014).

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.3 El sistema binomial lineana y la alfa-taxonomía

Es uno de los múltiples mecanismos empleados para etiquetar a las múltiples especies que estaban siendo descubiertas por los naturalistas exploradores, a medida que las colecciones naturales crecían en los museos, también lo hacia el problema de la nomenclatura, los viejos nombres eran insuficientes para describir las nuevas especies, mientras que las especies viejas tenían múltiples nombres, lo cual era una desgracia a la hora de la comunicación escrita entre los filósofos naturales, (Fara, 1997; Koerner, 1996; Schuh, 2003). El sistema de nomenclatura binomial es un método empleado para darle un nombre formal y único a una especie determinada. Como su nombre indica, el nombre formal es binomial (bi = dos; nomos = nombre, designación), esto implica que un nombre formal posee dos descriptores o palabras.

El nombre binomial generalmente viene escrito en latín, pero actualmente se emplean otros nombres, generalmente de lenguas muertas como el griego, o de lenguas nativas como en Tiktaalik roseae, donde el primer nombre es una palabra Inuktitut, una tribu Inuit “esquimales” (Daeschler, Shubin, & Jenkins, 2006). La adopción por los biólogos de un sistema de nomenclatura estrictamente binomial se debe al botánico y médico sueco Carl von Linné, más conocido por su nombre latinizado Carl Linnaeus o simplemente Linneo (1707-1778). Fue en su obra de 1753 Species Plantarum que primero comenzó consistentemente con un nombre trivial de una palabra junto con un nombre genérico en un sistema de nomenclatura binomial (Clifford & Bostock, 2007; Heller, 1964; Stearn, 1959).

La primer palabra del nombre binomial describe el grupo al cual pertenece la especie de manera inmediata o Género, y el segundo nombre es el que la distingue del resto de las especies del mismo género. El sistema binomial viene a su vez enlazado al sistema jerárquico, en el cual todos los seres vivos se agrupan en una serie de subgrupos dentro de los reinos de la naturaleza. Dado que usamos como referencia a Carl Linnaeus, el marco de referencia son obviamente los reinos aristotélicos de Linnaeus no alteró. Sin embargo, uno de los problemas que ha afrontado la taxonomía aun desde los tiempos de Linnaeus es la definición de especie. Aparentemente Linnaeus y sus contemporáneos asumieron una definición morfológica de especie, por lo que los grupos de seres vivos fueron seleccionados por sus morfologías similares.

Esta tradición morfológica no es original de Linnaeus, ya que el mismo Aristóteles utilizó el criterio morfológico para establecer los grupos animal y vegetal, así como numerosos grupos de animales como insectos, arácnidos, vivíparos u ovíparos. La nomenclatura para la época inmediatamente anterior y durante el tiempo en que Linnaeus fue educado era un verdadero disparate, pues los criterios de clasificación cambiaban de un autor a otro. De hecho, el modo en que se nombraban a las especies no obedecía a grupos sino a descriptores y se denominaba sistema de clasificación polinomial. Un nombre polinomial podía consistir en dos o más nombres en latín que tenían un significado, es decir formaba una oración que transmitía una idea completa de la descripción del animal o vegetal en cuestión. El sistema era útil para géneros con pocas especies en las que se empleaban descriptores cortos, pero en géneros con muchas especies los descriptores pidan hacerse muy largos.

Un ejemplo de uno de estos nombrecitos: Plantago foliis ovato-lanceolatus pubescentibus, spica cylindrica, scapo tereti (planta con hojas ovales-lanceoladas, un pico cilíndrico y una forma de tetera), el nombre binomial de la misma especie es Plantago media (Forey, 2005). En resumen, el sistema de clasificación binomial hace referencia a grupos, mientras que el polinomial hacía referencia a una descripción. Debido a la longitud de los nombres descriptores polinomiales, muchos autores anteriores y contemporáneos a Linnaeus intentaban recortar los descriptores lo más posible e idealmente a dos nombres. Debido a su facilidad de memorización, los nombres  binomiales comenzaron a imponerse en los textos de comunicación científica durante el siglo XVIII.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.4 Beta-Taxonomía de Linnaeus, un sistema basado en rangos incluyentes

La taxonomía linneana puede ser confusa de rastrear en la literatura escolar y especializada debido a que refiere a dos ideas diferentes. La primera al modo en que las especies reciben su nombre propio, cuestión que introducimos someramente en el artículo anterior y que trataremos con mayor profundidad en artículos futuros. La segunda idea de la taxonomía linneana es la idea de la agrupación basada en rangos jerárquicos. Los rangos son una serie de subgrupos dentro de grupos más grandes. Cada grupo posee una serie de características generales que son compartidas por todos las especies pertenecientes a este grupo. Por ejemplo Todos los mamíferos comen leche durante su etapa juvenil, la ballena toma leche durante su etapa juvenil, por lo tanto la ballena es un mamífero.

Estas descripciones de grupos permiten agrupar una gran cantidad de información general sobre una especie mediante la ubicación en un grupo determinado. En su obra Imperium Naturae, Linnaeus prosiguió la tradición aristotélica con los tres reinos clásicos de la naturaleza, el reino animal, el reino vegetal y el reino mineral. Cada uno de estos tres reinos poseía una serie de subgrupos (Minelli, 1996), por ejemplo Reino animal:  Classis 1. Mammalia; Classis 2. Aves; Classis 3. Amphibia; Classis 4. Pisces; Classis 5. Insecta; Classis 6. Vermes.

De la taxonomía superior “superior al rango de especie” establecida por Linnaeus solo el reino animal posee grupos que más o menos concuerdan a los grupos que se estudian en las dos taxonomías modernas que se divulgan al nivel escolar la de Whitakker y la de Woese. En los otros dos reinos, los subgrupos fueron restablecidos casi en su totalidad. El método de clasificación basado en rangos para los seres vivos fue originalmente popularizado por Linnaeus, tal vez debido a esto con el tiempo se le fue dando el crédito completo por ello hasta que la idea se englobó bajo su apellido, a pesar de que la idea de la existencia de rangos, incluso rangos tipológicos establecidos de manera divina ya estaban en uso desde hacía milenios.

La verdadera innovación de Linnaeus fue el sistema de nombrar especies. Un aspecto primordial de los grupos jerárquicos es que son incluyentes. Una especie no deja de ser mamífero, solo por pertenecer a un subgrupo de mamíferos. De esta forma un Homo sapiens no deja de pertenecer al grupo de los mamíferos, de los vertebrados o de los animales solo por ser Homo sapiens.  Esta idea de inclusión de subgrupos en grupos más grande probaría ser importante en posteriores teóricas en historia natural, en especial a aquella que daría nacimiento a la biología.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.5 Descubrimiento, reglas para la definición de un nombre taxonómico linneano

Tal vez la única que no se encuentra en los libros, pero que es la mas importantes es: El que lo encuentra le pone nombre.

Nos enfocaremos ahora a los problemas de la alfa taxonomía, es decir la taxonomía enfocada el poner nombres a los seres vivos. Los científicos viven de su prestigio, algunas veces por razones económicas “entre más prestigio hay más fondos de investigación y mejores cátedras en mejores universidades” otros los buscan por el prestigio mismo.

El historiador natural, en el pasado, o el biólogo, en la actualidad , que logra descubrir una nueva especie tiene el derecho de ponerle nombre y este acto mismo le confiere prestigio. Esto sucede tanto para animales vivos como extintos. Un ejemplo moderno es el paleontólogo chino Xu Xing quien actualmente es uno de los paleontólogos más prestigiosos del mundo debido en parte a la gran cantidad de nuevas especies de fósiles que ha descrito. La nomenclatura biología y su subsecuente taxonomía es uno de los mejores de ciencia que podemos tener, por un lado es evidentemente un modelo abstracto que intenta representar una organización natural ya fuera divina “para los tiempos de Linnaeus” o evolutiva “para la época actual”. Otro aspecto vital de la taxonomía es que no puede hacerse individualmente, el nombre formal de una especie solo se hace tal si una comunidad lo suficientemente grande de expertos la aceptan.

Una de las primeras crisis que la labor de taxonomía y nomenclatura en la historia natural afrontada por los contemporáneos a Linnaeus fue el de la comunicación. Como lo señaló Kuhn (1970) en su obra “Historia de las revoluciones científicas” una ciencia se define como tal, si es llevada a cabo por una comunidad de expertos, con un lenguaje propio y un mecanismo de comunicación bien establecido. La taxonomía y la nomenclatura seria este nuevo lenguaje al cual Linnaeus le dio unas reglas claras, sin embargo en su época las comunicaciones eran muy problemáticas. Varios exploradores podían encontrar una misma especie, cada uno le daría un nombre, por lo que se generarían confusiones. En el siglo XIX “casi un siglo después de la época de Linnaeus” el conflicto se resolvió estableciendo canales de comunicación adecuados para la comunidad de expertos, escrita en el lenguaje propio. Para nombrar una especie se generaron una serie de reglas complejas que aseguraran que:

1-  Cada especie tuviera un solo nombre científico.
2-  En caso de que dos nombres compitan, el que su publique formalmente con anterioridad seria el que lleve la prevalencia.
3-  Cada nombre de cada especie estaría asociado a un espécimen “o dos en caso de dimorfismo sexual” de la especie, almacenado en un museo, el cual serviría como estándar para agrupar nuevos especímenes de la misma especie.
4-  La descripción de los especímenes debería realizarse en textos académicos aceptados por la comunidad de expertos, inicialmente libros escritos por grandes autoridades, y posteriormente revistas científicas indexadas y revisadas por pares.

A pesar de lo anterior el sistema no es libre de fallos. Los especímenes tipo muchas veces estaban en malas condiciones “por decirlo amablemente”, adicionalmente el sistema no estaba libre de generar sinónimos. De hecho actualmente muchos taxónomos gastan años de su carrera tratando de organizar el caos de la taxonomía y la nomenclatura del siglo XVIII y XIX, más aún porque los especímenes tipo de los museos se han ido deteriorando por más de 200 años de almacenamiento en condiciones inadecuadas. El problema no reside solo en el pasado, actualmente muchas especies son descritas pobremente en publicaciones aisladas con carencia de impacto y repetición. Esto es aceptable con especímenes fósiles donde en ocasiones solo se tiene un espécimen para examinar, pero no es comprensible en especies vivas que conviven en poblaciones.

Todo esto sin aun llegar al hermoso problema de la especie. Uno de los conceptos asumidos a priori por todos estos estudios es la idea de que las especies existían como entidades reales, es decir, ase asumía el fijismo platónico en que todos los miembros de una población se asemejaban a un ideal platónico perfecto de dicha especie. Es por esto que el concepto de espécimen tipo cobra significado, un espécimen tipo es un promedio de la población el cual sería una aproximación al patrón platónico. Actualmente el concepto de especie tipo de ha matizado, en lugar de un solo espécimen, el biólogo debe emplear una cantidad estadísticamente significativa de individuos para describir la especie siempre que sea posible, y adicionalmente el concepto mismo de especie tiene una serie de condiciones y puntos grises que en la actuialidad englobamos bajo el eslogan de: complejos de especies.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.6 Taxonomía y los rangos clásicos, posterior a Linnaeus

La taxonomía de Linnaeus se basa en rangos, sin embargo cuando uno observa los rangos empleados aparece el detalle de que no son los mismos que están consignados en los libros de texto. Linnaeus emplea prioritariamente los rangos de reino, clase, género y especie. Otros rangos taxonómicos se fueron adicionando a los otros a medida que en los siglos XVIII y XIX la cantidad de especies descubiertas durante la edad de la exploración seguía aumentando a un ritmo vertiginoso. Nuevos grupos de especies, nuevas formas generales. Los historiadores naturales se vieron en la obligación de describir nuevos grupos, grandes o pequeños para poner orden en esta marea creciente de especies. De este modo los rangos o categorías taxonómicas clásicas serian establecidas: Reino, Filum, Clase, Orden, Familia, Género, Especies y subespecies. Los rangos clásicos como ya se mencionó anteriormente son incluyentes y se pueden visualizar como pirámides invertidas, en las que de un grupo general se van seleccionando en cada nivel grupos más específicos asociados a una categoría taxonómica, hasta que finalmente se llega al rango de especie.
Cabe destacar que estas categorías son completamente arbitrarias, no existe un numero estandarizado de especies en un género, en los mamíferos pueden existir perfectamente géneros con una o dos especies, mientras que en los invertebrados pueden existir géneros con cientos de especies. Lo mismo sucede con los otros rangos taxonómicos, pues su designación como tal dependía más de la autoridad y la aceptación de la comunidad con el objetivo de organizar más que de describir alguna tendencia natural, fuera esta divina u de cualquier otra índole. Al ser rangos incluyentes, el ser humano por ejemplo seria clasificado como un tipo de animal, Homo sapiens, hombre que piensa, sin embargo la designación de género y especie no lo excluye de los rangos taxonómicos superiores, como el de mamífero, vertebrado, o animal. El problema con los rangos clásicos es que no se quedaron estancados allí, ¡cuando llegamos al siglo XX podemos tener mas de 60 rangos facilmente!

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.7 Los primates en la organización linneana

Aun actualmente muchas personas encuentran particularmente grosera la idea de clasificar al ser humano dentro del mundo natural, de clasificarlo como un animal, como si tal epíteto los rebajara del centro del universo de sus creencias socioculturales. Muchas veces el agua sucia se le hechan a Darwin y a la Teoría de la Evolución, pero en realidad el problema del hombre en la naturaleza inicia con Linnaeus, al menos de acuerdo con Enrs Haeckel, un famoso biólogo Alemán.

En términos de ciencia moderna, Linnaeus fue el primer académico en clasificar al ser humano dentro de un sistema de clasificación biológica naturalista. En su primera edición de Systema Naturae, Linnaeus creó el grupo Anthropomorpha “con forma humana”, colocando a los monos y al ser humano dentro de este mismo grupo (Douglas, 2005; Laitman, 2004; Varsava, 2011; Watson, Penny, & Easteal, 2001). No tardaron en llover críticas desde la perspectiva académica, como las de Johan Gottschalk Wallerius, Jacob Theodor Klein y Johann Georg Gmelin, señalando la circularidad del argumento (Genesis, 2005), ¿llamar al ser humano como perteneciente al grupo de los animales con forma humana?

Linnaeus respondió que la semántica del nombre no le interesaba, desde que, en cualquier caso los simios y los humanos permanecieran en el mismo grupo. De hecho el afirmó que no existían diferencias genéricas significativas que, diferenciaran a los simios del hombre en base a las reglas de la historia natural (Genesis, 2005). Lo anterior conllevaba a una serie de consecuencias teológicas muy inquietantes, en primera instancia colocar al ser humano al mismo nivel de los monos degradaría la posición superior del ser humano la cual se había asumido desde siempre en base a dos fuentes de gran autoridad, la Gran Cadena del Ser de Platón, y la misma Biblia donde claramente el ser humano había sido creado de una manera única como centro, eje y objeto de toda la demás creación.

La segunda consecuencia que aun hoy, inquieta de manera insoportable a algunas personas es que si los humanos y los primates no se pueden distinguir en base a un diseño único y diferenciable con claridad, significaría que los monos y los simios fueron creados también a imagen de Dios. Esto era, es y será algo que muchos nunca aceptaron, aceptan o aceptarán. Resulta gracioso como este conflicto entre visiones de mundo tiende a asociarse con Darwin 100 años después, como si él se hubiera sacado todo el concepto del sobrero. La obra de Linnaeus demuestra que las ideas de que el ser humano hacía parte del resto del mundo natural habían estado incubándose desde hacía mucho (Corbey, 2005; Reid, 2009; Ritvo, 1995).

Es evidente que las criticas teológicas en una época en la que la teología aún era un factor político y legal peligroso “como lo demuestran otros dos autores de épocas no muy lejanas Redi 1626-1697 y Galileo 1564-1642 comparados con Linnaeus 1707-1778”, muchos filósofos naturales habían sido amenazados y encarcelados por sus “ideas peligrosas”. Por lo anterior, Linnaeus debió explicarse con mayor claridad, así que en la décima edición de Systema Naturae introdujo los nuevos términos de Mamífero y Primates, en donde el segundo reemplazaría a Antropomorpha. Esa publicación también es importante ya que es el primer documento académico en el que se bautiza al ser humano con el nombre científico con el que ha sido reconocido hasta el día de hoy, Homo sapiens (Buckeridge, 2009; Schwartz, 2016).

La nueva clasificación recibió menos críticas, aunque muchos historiadores aún creen que fue Linnaeus y no Darwin quien sacó al ser humano de su trono de gobernante de la naturaleza a ser solo una parte de la naturaleza igual que las demás. Linnaeus creía firmemente que el ser humano biológicamente pertenecía al reino animal y tenía que ser incluido en este (Fracchia, 2014). Más aún en su libro Dieta Naturalis Linnaeus fue tan lejos como afirmar que los demás animales también poseían un alma y que la diferencia entre ellos y el ser humano recaía en un diferente grado de nobleza (Mulhern, 2015).

Posteriormente Linnaeus adicionó otras tres especies al género Homo. El primero basado en una publicación de 1658 de Jacobus Bontius del hombre de las cavernas, al cual clasificó como Homo troglodytes (Porshnev, Bayanov, & Bourtsev, 1974). La tercera especie fue Homo lar descrita por Gunnar Broberg, Linnaeus creía que Homo lar era más semejante al ser humano de lo que había sido descrito por su descubridor aduciendo que probablemente fueran humanos vestidos con pieles de simios para espantar a los colonos y exploradores de Europa (Linnaeus, 1771; Santos & Campos, 2014). Posteriormente futuras re-descripciones de Homo lar condujeron a su reclasificación fuera del género Homo, la especie se nombró luego como Lar gibbon y actualmente se conoce como Hylobates lar (Chatterjee, 2009).

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.8 El impacto del sistema binomial

El impacto del sistema binomial no tiene comparación, ya que este se sigue empleando como el estándar para la nomenclatura de las especies aun cuando en ciertos casos se emplean ciertas modificaciones y adiciones que lo asemejan a un sistema polinomial. Sin embargo esto solo ocurre para variedades domesticadas desarrolladas bajo domesticación. Todas las demás especies, fósiles o vivas reciben siempre como mínimo el nombre binomial, como factura de su reconocimiento de existencia por parte de la comunidad científica. El valor y estabilidad del sistema binomial como estándar de nomenclatura se debe a ciertos factores:

4.8.1 Economía

Comparado con el sistema polinomial que lo antecedió, los nombres binomiales eran más cortos y fáciles de recordar. De hecho, este sistema de nomenclatura concordaba con la tradición para nombrar personas, en donde el patronímico “nombre de la familia paterna” antecede al nombre específico de la persona.

4.8.2 Uso amplio bajo un lenguaje común aceptable

Un francés nunca toleraría que el lenguaje internacional para la nomenclatura de los seres vivos fuera el inglés, lo mismo podría decirse de un español con respecto a un francés etc. Debido a los conflictos políticos se requería un lenguaje neutro, que pudiera ser gobernado por reglamentos internacionales aceptables y aceptados por todos los expertos. Este lenguaje fue el latín, la lengua de la iglesia y los académicos desde hacía casi 1000 años. Aun cuando los conflictos de religión trajeran consigo el rompimiento con Roma, la tradición del uso del latín en contextos académicos no se rompió ya que era la única manera en que autores de culturas diferentes podrían comunicarse, un ejemplo fueron Linnaeus y José Celestino Mutis, quienes no conocían las lenguas nativas de su interlocutor, por lo que debían escribirse cartas en latín.

4.8.3 Claridad

Los nombres binomiales al ser escritos en una lengua muerta, pero de amplio uso por académicos permitía que, el nombre común dado en las diferentes culturas fuera irrelevante, el nombre en latín designaría a la misma especie en Francia, en Inglaterra, en España, en Holanda o en  todas las américas.

4.8.4 Unicidad

Una especie determinada debe tener solo un nombre, sin embargo en ocasiones es difícil establecer los límites que separan a dos especies como en el caso del anillo de especies. En los fósiles pueden ocurrir situaciones donde dos fósiles son muy similares, y por falta de criterio reproductivo, los debates a cerca de la nomenclatura pueden hacerse álgidos y una misma especie puede eventualmente ostentar dos nombres. En tales casos tendremos un nombre sinónimo si se demuestra que los especímenes pertenecen a una misma especie.

4.8.5 Estabilidad

Aunque lejos de ser absoluta, los principios que regulan la nomenclatura bilógica como el principio de prioridad permiten que la cantidad de sinónimos para una determinada especie sea mínima o nula. Por ejemplo, cuando las especies son removidas de un género a otro (cosa que es más común de lo que se pensaría) siempre se tiende a mantener el nombre específico y se altera solo el género. Otro caso común es cuando se empiezan a encontrar más especies asociadas con una sola especie en un género, en tales casos  la especie patrón es trasladada a un nuevo género, su nombre específico se convierte en el nombre del nuevo género y las demás especies nuevas se nombran en base a esta.

Desde la perspectiva de Kuhn (1970), el sistema binomial le proporcionó a la taxonomía un lenguaje propio, con reglas claras, y al existir este, una comunidad científica real pudo empezar un proyecto de ciencia normal en la que el conocimiento pudiera crecer de manera predecible. El modelo Linneano como ya hemos dicho anteriormente se basa en dos factores, la nomenclatura de Linnaeus y la taxonomía de Linnaeus. La taxonomía representa el modo de agrupar las especies reconocidas y nombradas por la nomenclatura. Debido a la anterior, la taxonomía puede cambiar mucho, muy rápido y de manera radical, mientras que la nomenclatura cambia lentamente. En otras palabras, aunque la taxonomía se construye gracias en parte a la nomenclatura, ambas esferas son relativamente independientes. Históricamente la nomenclatura de Linnaeus ha sido muy estable, pero la taxonomía de Linnaeus “heredera directa de la taxonomía de Aristóteles” comenzaría a echar agua bastante rápido, gracias al invento de un holandés.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.9 El reino de los microbios, una adición al sistema de Aristóteles

La edad de la exploración fue permitida por innovaciones tecnológicas que permitieron a los exploradores viajar a nuevos mundos, más grandes y más lejanos (Haycox, Barnett, & Liburd, 1997; Merullo & Fleming, 2009; Weaver, 2015). Durante la misma época, y derivada de la tecnología de lupas y lentes se generó otro instrumento que permitió explorar otros mundos, pero esta vez mundos pequeños que siempre estuvieron a nuestro alcance, pero que nuestros ojos nunca pudieron ver. Systema Naturae fue publicado en su versión definitiva en 1758, unos cuantos años después  Antonie van Leeuwenhoek en 1674 envió a la Royal Society de Londres una copia de sus observaciones de algunos microorganismos, esto gracias a un más grande invención, el telescopio, un instrumento que permitía ver un nuevo mundo (Ford, 1981; Gest, 2004; Porter, 1976; Robertson et al., 2016). Durante esta época temprana los nuevos seres vivos descubiertos fueron clasificados en los reinos aristotélicos Vegetal y Animal.

Esto representa un aspecto de la ciencia normal representada por Kuhn en sus escritos, donde las anormalidades de un modelo generalmente se acoplan al modelo mientras este las pueda abarcar. Tuvieron que pasar 100 años de avances en microscopía hasta que la comunidad científica reevaluara el problema de los reinos. Durante este tiempo de adicionaron grandes cantidades de nuevas especies que desdibujaban los límites entre animales y vegetales. En 1866 siguiendo propuestas de varios biólogos entre los que destaca Richard Owen y Erns Haeckel se propuso una modificación al modelo de Aristóteles. Por un lado se abandonó finalmente al reino mineral debido al alejamiento definitivo de las ideas alquimistas durante el siglo XVIII (Fantini, 2013; Whicher, 2015), y adicionalmente se decidió crear un reino aparte para aquellos organismos unicelulares. El reino nuevo sin embargo es un dolor de cabeza, por ejemplo, varias fuentes usan dos nombres para el mismo grupo en sus inicios, protista y mónera. Ambos propuestos por el mismo hombre “Haeckel” en el mismo año 1866.  El uso diferenciado de ambos términos solo se hará hasta el siglo XX con el desarrollo del microscopio electrónico.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

4.10 Darwin, la evolución y la taxonomía

Charles Darwin vivió a finales de la era de la exploración, el mismo fue historiador natural formal a bordo de una nave de exploración el HMS Beagle. Los historiadores naturales de la época tenían dos funciones, la primera era amenizar el viaje para los capitanes y oficiales de alto rango de las embarcaciones, debido a su gran conocimiento “para hacer charlas de Lords ingleses tomando te”. La segunda función algo más seria de los historiadores naturales era capturar especímenes en las tierras visitadas, y de ser posible que fueran especies nuevas, para luego enviarlas a los museos de historia natural de Inglaterra, y así incrementar su prestigio (Browne, 1992; Shermer, 2002).

Aun en esta época la vieja competencia por el conocimiento entre los imperios se mantendría, de hecho aún se mantiene, aunque la tendencia viró desde la biología hacia la física en el siglo XX. La taxonomía tomó un rumbo y significado completamente diferente después de la publicación de artículo original de Darwin y Wallace sobre “Sobre la tendencia de las especies a formar variedades, y sobre la perpetuación de las variedades por métodos naturales de selección” publicada en 1858 y posteriormente con la publicación de su libro que reforzó los conceptos del artículo, y que capturó la imaginación popular por siglos, el “Origen de las Especies” en 1859 (Darwin, 1859; Gould, 1982).

Las observaciones de Darwin y Wallace, así como los experimentos con domesticación y generación de nuevas líneas de animales de granja conllevaron a Darwin a argumentar que las especies no eran entidades fijas que debían asemejarse siempre a algún tipo fijo. En otras palabras negó la existencia de los ideales platónicos, y sin ideales platónicos, las especies tipo empleadas por los museos como estándares para la nomenclatura deberían adquirir un significado diferente. Por otra parte las ideas de Darwin y Wallace conllevaban a la idea de que las especies nuevas podían emerger de especies viejas, aunque los métodos para lograr este cometido jamás fueron abordados en el Origen de las Especies, haciendo del título del libro algo irónico. Una vez que la especiación fuera demostrada en décadas posteriores, quedaba la hipótesis original de Darwin, si en el futuro pueden nacer nuevas especies, en el pasado debieron existir otras especies. No se puede decir que fueran menos, debido a que existía el fenómeno de la extinción. Para la época de Darwin el fenómeno de la extinción ya era muy conocido y estudiado por los paleontólogos. El mismo Darwin describió unos cuantos fósiles que fueron enviados a Inglaterra desde el cono sur de América (Keynes, 2002).

Las ideas de Darwin otorgaban un nuevo criterio para poder clasificar a las especies, en lugar de asumir la existencia de una especie tipo, fija e ideal, para Darwin las especies descendían de un ancestro común el cual heredaba a todos sus descendientes una serie de características comunes que podrían ser empleadas para agruparlos, algo así como un árbol genealógico. La idea ciertamente calzaba como anillo al dedo para mucha de la labor que había sido realizada por los taxónomos décadas atrás, pues debido a que habían clasificado a los seres vivos en base a sus similitudes morfológicas, muchos de los grupos que ya estaban descritos se los podía interpretar en base a los nuevos criterios, aunque otros grupos fueron modificados. Otro aspecto de los nuevos criterios taxonómicos, es que la taxonomía dejó de ser descriptiva. Cuando se igualó el concepto de diagrama taxonómico al de historia evolutiva fue fácil para los biólogos empezar a realizar hipótesis predictivas sobre grupos de animales que deberían existir, de modo tal que conectaran las ramas de grandes grupos taxonómicos (Kutschera & Niklas, 2004; Porshnev et al., 1974).

Dos ejemplos simples, fueron la hipótesis de la existencia de eslabones perdidos entre los humanos y los primates del viejo mundo (Bartstra, 1982; Rightmire, 1991), y el segundo el de la existencia de un grupo de reptiles que compartiera características similares a las de las aves (Bretsky, 1979; Wellnhofer, 2010). Estas predicciones lanzaron a los geólogos y paleontólogos a cavar por todo el mundo en busca de estas criaturas quiméricas. Algunas fueron verdaderas quimeras, engaños creados con el propósito o de incrementar el prestigio personal, o con el propósito más oscuro de destruir el prestigio de las nuevas teorías, el caso más paradigmático de tales quimeras en el hombre de Piltdawn (Knafl & Morse, 1994; Tobias, 1992; Walsh, 1996).

Otros fósiles encontraron fueron reales, verdaderas joyas de la predicción científica, el primero Archaeopteryx  Lithographica un animal que compartía características de ave y de reptil. El segundo fue Homo erectus, un primate antropomorfo muy similar al ser humano, pero con características que lo diferenciaban, como por ejemplo un menor volumen craneal promedio. 

A partir de Darwin la taxonomía se haría filogenética “describir grupos naturales como un árbol genealógico”, y la definición de grupo natural y artificial emergería como aquellos que representan una historia evolutiva y aquel que representa un grupo arbitrario respectivamente. Así se cierra la edad de la exploración desde la perspectiva de la taxonomía,  donde las reglas de nomenclatura estaban claras, pero la taxonomía no.

Referencias básicas: (Belk & Maier, 2013; Futuyma, 2005; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Reece et al., 2014; Ridley, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013; Wiley & Lieberman, 2011)

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