miércoles, 14 de diciembre de 2016

4 TÁCTICAS OFENSIVAS DE LOS DEPREDADORES

4.1 Emboscada y velocidad

Golpear como un rayo, de manera inesperada y matar sin que tu victima tuviera tiempo siquiera de saber que la has atacado, son una de las estrategias ganadoras, ya sea en la guerra como en la cacería (Martin & Hammerschlag, 2012). Los depredadores de persecución y emboscada buscan acercarse lo más posible sin ser detectados a su presa para luego lanzar un ataque fulminante y efectivo. Los depredadores que cazan por emboscada y persecución son rápidos e inteligentes, y depende de los sentidos de la vista y el oído para poder obtener información con gran rapidez.


La denominamos persecución a corta distancia debido a que los depredadores solo son capaces de mantener grandes velocidades por mucho tiempo antes de agotarse, a diferencia de las presas que pueden mantener velocidades grandes con mayor constancia, en este sentido los depredadores de emboscada son poco persistentes. En otras ocasiones el depredador es tan rápido con respecto a su objetivo, que la presa no sabrá nunca quién la mató.


Por otra parte, debido a la gran cantidad de información cambiante que reciben los depredadores que persecución y emboscada, sus cerebros son más grandes, lo cual les permite trazar planes de ataque táctico con mayor eficiencia.

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca, Brusca, & Haver, 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.2 Prosecución persistente

Y así cazamos nosotros, puede que los humanos no podamos correr tan rápido como un guepardo, o tener el camuflaje de un tigre, pero somos persistentes y podemos caminar mucho. Una manada de animales de forrajeo puede ser mantenida a una velocidad de trote constante pero no muy grande por una larga cantidad de tiempo. Aunque estos animales pueden mantener picos de velocidad más altos que os humanos, nosotros tenemos un mayor alcance, solo se trata de mantenerlos andando sin oportunidad de descansar. Tarde o temprano la presa alcanza una temperatura crítica y cae agotada, momento en el cual el depredador puede atacar.

La estrategia de caza por emboscada puede explicar mucho de nuestra debilidad fisiológica, para cazar por persistencia uno debe hacerse notar por lo que los animales que lo hacen como el ser humano no requieren camuflarse. Por otro lado nadie necesita ser muy fuerte cuando la presa ha caído derrotada por el agotamiento.

Las principales adaptaciones para la cacería por persistencia es poder mantener un ritmo de movimiento constante y un mecanismo para disipar el calor de manera eficiente. Los humanos sudamos mucho, por todo el cuerpo, a diferencia de muchos animales que solo pueden sudar por sus lenguas, lo cual es una clara adaptación para la cacería por persistencia (Carrier et al., 1984; Liebenberg, 2006, 2008; Schmidt-Nielsen, 1997).


Lo más maravilloso de esta técnica es que ¡es nuestra! Es del ser humano, es una técnica de cacería que no depende de nuestra habilidad para hacer herramientas, solo de nuestro potencial fisiológico y de una roca pesada o un cuchillo de piedra para aplastar la cabeza o cortar el cuello del animal moribundo. Actualmente es una técnica de casa practicada por tres pueblos en el mundo, uno de ellos los Raramuri de Méjico (Liebenberg, 2006).

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.3 Tamaño y poder

La fortaleza física es empleada para el combate a corta distancia, y es la capacidad de abrumar físicamente a tu presa y de someterla para ejecutar fuerza en sus puntos vitales y matarla.


La fuerza y la velocidad son habilidades mutuamente excluyentes y complementarias, si un animal es muy rápido pierde fuerza física, y viceversa, el incremento en la fuerza disminuye la velocidad. Cada especie se adapta para optimizar estas características.


Un ejemplo del problema de la optimización es el guepardo, el leopardo y el legre. El guepardo es un ejemplo de maximización de velocidad a costa de fuerza, esto lo limita a presas relativamente pequeñas y débiles, pero le otorga la ventaja de poder cazar presas tan rápidas que ningún otro depredador de la sabana puede alcanzar con facilidad. El leopardo es un ejemplo de optimización intermedia, no tan rápido, pero lo suficientemente fuerte para atacar presas que podrían lastimar mortalmente a un guepardo.


El ligre, la combinación entre un tigre y un león es un ejemplo de máxima fuerza inútil, y decimos inútil debido a que su gran masa lo hace lento y torpe. El legre carece de inhibidores de crecimiento, lo cual lo hace crecer más que cualquier otro felino. Por lo general los depredadores de contacto combinan la velocidad y la fuerza superiores para abrumar a las presas más pequeñas.

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.4 Colectivismo y estrategias

El colectivismo es una estrategia en la que varios individuos cazan a una sola presa dividiéndose el premio (Murphy, Ruth, Hornocker, & Negri, 2009; Nishimura & Ikegami, 1997). Aunque en colectivo queda menos carne para repartir, el colectivismo le permite a los depredadores cazar animales de tamaño y poder superior. Aunque individualmente la presa sea físicamente superior, de manera colectiva los depredadores conforman una unidad que puede abrumar a la presa.


Por ejemplo, los leones y la mayoría de sus presas como las cebras o los búfalos de agua. Otro aspecto del colectivismo es el ataque estratégico. Un ejemplo de esto son los lobos que se distribuyen a lo largo de un campo de cacería. Unos primeros lobos ponen a correr a las presas. Posteriormente otros lobos toman la antorcha mientras que los primeros descansan seleccionando además los individuos que empiezan a rezagarse. Con el tiempo se separa a un individuo débil, y el resto de la jauría se une para atacar.


La clasificamos como cacería estratégica debido a que los individuos emplean su fuerza y resistencia de modo optimo, repartiéndose las responsabilidades.

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)


4.5 Mimetismo críptico ofensivo

Para completar los mecanismos anteriores, los depredadores emplean el camuflaje para poder ejercer una buena emboscada. Formalmente a la coloración para ocultar la llamamos coloración críptica y al camuflaje mimetismo. Lo opuesta, es decir la coloración brillante es conspícua y al proceso de resaltar aposematismo (Scogings & Hawick, 2013; Stankowich & Coss, 2007).

Por lo general las presas no tienen buena vista, y ven en blanco y negro. Los colores de los depredadores los ayuda a confundirse con su ambiente y atacar.

El mimetismo críptico ofensivo funciona tanto para que el depredador se acerque a su presa potencial, o para que la presa se acerque a su depredador, este es un ejemplo típico de algunas tortugas o peces que emplean partes de su cuerpo que se asemejan a presas de menor nivel, son cebos o carnadas que atraen por movimiento o iluminación a sus presas.


Básicamente es convertir la expresión de lobo con piel de oveja en una realidad, y ocasionalmente es denominada como mimetismo Peckhamiano (Endler, 1981; Jackson & Wilcox, 1993).

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.6 Tácticas de asesinato

Otro aspecto importante son las estrategias de asesinato, que es el paso final de la caería. Muchos animales se distinguen por sus métodos de asesinato. Pueden ir desde los más brutales como en los tiburones que matan por destrucción de tejidos por mordidas, hasta los asesinatos por precisión como las mordidas al cuello de los cánidos.

Otros animales como algunos peces disparan agua a los insectos para hacerlos caer y comerlos de un mordisco. Sea cual sea el método algo si es importante, la técnica de asesinato debe ser rápida, de lo contrario se le da tiempo a la presa para escapar de la posición de sumisión, o peor aún, de luchar y lastimar gravemente al depredador.  Para este cometido los depredadores emplean garras, colmillos, fuerza bruta, entre muchos otros para realizar golpes precisos en los puntos vitales de la víctima.


En otras ocasiones emplean métodos mucho más sutiles, como el caso del pez arquero que emplea el agua para desequilibrar a sus víctimas (Schuster, Wöhl, Griebsch, & Klostermeier, 2006).

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.7 Venenos ofensivos

Adicional al arsenal anterior existen otros dos mecanismos. Uno es el de los venenos, generalmente se trata de saliva modificada con neurotoxinas y enzimas digestivas, aunque en realidad muchos otros tejidos pueden servir a este propósito como lo revelan las glándulas venenosas de las medusas o los escorpiones.


La función del veneno es la de ser una táctica de asesinato efectiva, el animal pica y el veneno se encarga de someter y matar a la presa sin que el depredador tenga que luchar contra la víctima. Y como bono adicional, muchos venenos inician la digestión química por adelantado ahorrando tiempo de digestión.


Existen otros mecanismos semejantes al veneno, como el de mordidas sépticas, la idea es que en lugar de veneno, lo que se inyecta es una serie de bacterias patógenas que infectan a la presa y la matan por fiebre y deshidratación. Esta táctica es empleada por los dragones de Komodo.

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.8 Inmunidad al veneno

La relación depredador-presa es bidireccional, y al ser una carrera armamentista, en muchos casos una adaptación generada en un nivel trófuico recibe una contramedidia, y aunque algunos autores cuestionan la validez de esta metafoira (Abrams, 1986), el hecho es que el ejemplo de los venenos es bastante elocuente. Los depredadores que se alimentan de presas peligrosas por sus venenos deben contar con mecanismos de inmunidad parcial o total, algunos simplemente deben matar a su presa impidiendo que picados o mordidos, pero a otros simplemente no les importa al ser inmunes (Brodie & Brodie, 1991; Carlsson, Sarnelle, & Strayer, 2009; Motychak, Brodie Jr, & Brodie III, 1999; Williams, Brodie Jr, & Brodie III, 2003).


Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

4.9 Trampas

Otra forma de cacería es la trampa, es decir, la capacidad de atraer a la presa a un lugar del cual no puede escapar. Existen muchos tipos de trampas, algunos son estructuras del depredador como en el caso de las flores de las plantas carnívoras. En otros casos puede ser algún tipo de secreción del animal como en el caso de las arañas tejedoras de redes. O puede ser una constricción de animal como en el caso de las hormigas león (Scharf, Lubin, & Ovadia, 2011).
Los seres humanos también destacamos en este tipo de táctica de cacería debido a nuestra inteligencia, esta nos posibilita alterar el medioambiente para desarrollar trampas con las cuales no nacemos.

Las trampas como tal pueden ser factores abióticos o ambientales, como hacen las hormigas león, pero también pueden ser adaptaciones físicas como la seda de las arañas o el mimetismo críptico ofensivo. 

Referencias generales: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Cunningham & Cunningham, 2007; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Mason et al., 2014; Molles, 2013; Odum & Barrett, 2004; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013)

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