martes, 12 de julio de 2016

1 INTRODUCCIÓN AL VIH/SIDA


Existe una enorme cantidad de información y desinformación a cerca del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida a través de toda la red, de hecho si usted busca documentales en youtube es más probable que encuentre aquellos relacionados con teorías conspiranóicas (Leung, 2009) que con un documental que describa de forma efectiva la virología, patología, epidemiología y prevención sobre esta terrible enfermedad.

Si bien es cierto que existe debate al interior de las comunidades científicas el asunto es que ese es el estado de normalidad en las ciencias naturales (Fenstermacher, 1994; Sfard, 1998; Songer & Linn, 1991; Yager, 1996), es normal que los científicos disientan unos de otros sobre las teorías que explican los fenómenos, sin embargo cabe preguntarse si una controversia que ha ido superándose desde los años 90 del siglo XX debería afectar a las políticas públicas de salud. En la siguiente serie de artículos trabajaremos el problema del SIDA con algo de profundidad, especialmente su patogénesis celular y su taxonomía evolutiva, esta última puede dar luces sobre la historia que el virus pudo haber realizado en nuestra propia especie.

1.1 VIH y SIDA

VIH y SIDA a pesar de ser acrónimos conectados no son lo mismo, VIH es el agente etiológico y SIDA es la sintomatología. VIH significa Virus de InmunoDeficiencia Humano, mientras que SIDA significa Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida (G. Gross & Tyring, 2011; Knipe & Howley, 2013; Roitt & Delves, 2011).

Esta distinción se debe a que no todas las deficiencias del sistema inmunitario son adquiridas, algunas son causadas por factores genéticos intrínsecos al organismo (Hong, 1998; Krueger, Friedman, & Kuta, 2013). En cualquier caso, SIDA tampoco es una enfermedad, al menos no una enfermedad única, se trata de un coctel de enfermedades que atacan al individuo con un sistema inmune debilitado en uno solo de sus linajes celulares, pero lo suficientemente importante como para dejar inactivo al resto (G. Gross & Tyring, 2011; Knipe & Howley, 2013; Roitt & Delves, 2011)..

El VIH no es un virus mortal en sí mismo (Amwata, 2015; Nitheshkumar, Kiranmai, & Chandrasekhar, 2013), matar un linaje específico del sistema inmunitario ciertamente no afecta la viabilidad del metabolismo, pero si hace que cualquier microorganismo comensalita que se encuentra normalmente en el cuerpo se convierta en un agente etiológico mortal.


1.2 Agente etiológico y enfermedad

Cando estudias la historia de la genética una de las controversias más álgidas es sin duda el debate entre lo heredado y lo adquirido, resulta irónico que tal debate pueda trasladarse también a la medicina. En base a los postulados de Koch (Breitschwerdt et al., 2013; Byrd & Segre, 2016) uno espera que las enfermedades infecciosas obedezcan al espectro de lo adquirido, es decir una enfermedad infecciosa es una condición que emerge de la adquisición se un microorganismo mediante la relación de parasitismo que causa una enfermedad.

Sin embargo en términos generales para cualquier enfermedad, los postulados de Koch no siempre se cumplen, es decir existen individuos que portan los agentes etiológicos pero que no experimentan enfermedad y allí vuelve a jugar el debate entre lo heredado y lo adquirido. Los pacientes asintomáticos pueden serlo porque naturalmente son mutantes con un sistema inmune con una variación natural que les permite responder a la infección y mantenerla bajo control transformando al parasito en un comensal (Casadevall & Pirofski, 2015; Méthot & Alizon, 2014). Esta fluidez de la relación de simbiosis parasítica a una simbiosis comensalista está reportada para muchos seres vivos (Furness, 2012; Méthot & Alizon, 2014; Parmentier & Michel, 2013; Thompson, Nuismer, & Gomulkiewicz, 2002; Werren, Baldo, & Clark, 2008). De hecho existen falsas simbiosis mutualistas en las que el parasito destruye una función del hospedero para luego el poderla realizar (Flegr, 2006).

Sin embargo usted puede omitir la parte adquirida y argumentar que la resistencia a la enfermedad se debe a que el individuo se encuentra bien alimentado, vive en un amiente sin toxinas ambientales y realiza sus adecuados ejercicios. En cualquiera de los casos la enfermedad es un fenómeno muy complejo en el cual el agente etiológico depende de factores intrínsecos de su anfitrión así como de factores extrínsecos como la alimentación, el punto es que esto es cierto para todas las enfermedades no solo para el coctel de enfermedades generado por el VIH, encontrar un individuo asintomático o inmune aunque sea sero-positivo no nos dice nada más que ese individuo presenta una inmunidad natural y ha convertido un parásito en un comensal.

Referencias generales: (Black & Black, 2012; P. R. Gross & Levitt, 2011; Knipe & Howley, 2013; Maartens et al., 2014; Roitt & Delves, 2011).

1.3 Virulencia y Morbilidad

No puede esperarse que la tasa de mortalidad de ninguna enfermedad sea de 100% o 0%, como todo fenómeno multifactorial la potencia se describe en torno a una gradualidad darwiniana, un espectro continuo desde la muerte a la carencia de los síntomas (Casadevall & Pirofski, 2000, 2015).

Por lo general la virulencia y la morbilidad son inversamente proporcionales (Casadevall & Pirofski, 2000, 2015), las enfermedades muy mórbidas se diseminan rápido pero evolucionan a formas comensalistas con síntomas leves, mientras que las enfermedades muy virulentas poseen una propagación más limitada.

Toda población darwiniana experimenta la enfermedad de cualquier tipo en base a este espectro en el que algunos mueren, otros experimentan los síntomas con más fuerza y otros se recuperan rápidamente sin mayores cuidados. Incluso enfermedades tan famosas y mortíferas como la viruela, el ébola o la peste negra dejaban a su paso individuos que soportaban los síntomas con menor intensidad o nula intensidad (Lederberg, 1997).

Por esta razón en epidemiologia médica se establecen dos conceptos que obedecen a la idea básica darwiniana de una variación continua, la virulencia y la morbilidad. La morbilidad es la tasa con la cual un agente infeccioso se disemina en una población y puede ser entendida en términos de velocidad de propagación (Casadevall & Pirofski, 2000, 2015). Esta velocidad de propagación cambia dependiendo de la población afectada de forma continua y gradual. La virulencia es la potencia de los síntomas y su mortalidad. Ninguna enfermedad ha demostrado poseer una virulencia del 100% y el síndrome generado por el VIH no es la excepción.

Aun virus con altísima virulencia como el ébola raras veces sobrepasan el 90%, siempre en toda población darwiniana hay mutantes inmunes, siempre.

Referencias generales: (Black & Black, 2012; P. R. Gross & Levitt, 2011; Knipe & Howley, 2013; Maartens et al., 2014; Roitt & Delves, 2011).

1.4 Infección aguda

Las enfermedades infecciosas pueden pasar por dos etapas sintomatológicas de denominadas etapa aguda y etapa crónica (Soler, 2012). La etapa aguda se genera unos cuantos días o semanas después de que el agente etiológico ingresa al organismo, nuevamente el tiempo que se registra para cualquier enfermedad es un promedio con una variabilidad continua de corte darwiniano.

Esta etapa aguda se caracteriza por una mezcla de síntomas creados por el agente etiológico y otros causados por el cuerpo humano. Los síntomas intrínsecos generalmente no son específicos y no permiten un diagnóstico, todos los hemos sentidos y los llamamos comúnmente como gripa. Muchas enfermedades virales, bacterianas o causadas por protozoos pueden desencadenar los síntomas inespecíficos de la gripa y nosotros los pasaremos de largo como una simple gripa. En casos raros mezclados con los síntomas inespecíficos pueden presentarse los síntomas propios de la enfermedad como en el caso de la varicela, el sarampión o las paperas.

Referencias generales: (Black & Black, 2012; P. R. Gross & Levitt, 2011; Knipe & Howley, 2013; Maartens et al., 2014; Roitt & Delves, 2011).

1.5 Infección crónica

Una  infección crónica es aquella serie de síntomas que se dilatan en el tiempo afectando la calidad de vida del paciente y pueden llegar a matarlo, ejemplos de este tipo de infecciones son la tripanosomiasis o el coctel de enfermedades generados por el VIH (Soler, 2012)..

Las infecciones crónicas requieren dos requisitos, el primero es que el paciente sobreviva a la etapa aguda y la segunda que el agente etiológico logre acostumbrarse al sistema inmune de su anfitrión y logre entablar un estado semicomensal/semiparasítico, es decir que al vivir en el cuerpo aunque debilite a su anfitrión no lo mate.

Las infecciones crónicas tienden a tener síntomas más específicos y son muy difíciles de tratar, ya que sus síntomas generalmente se manifiestan cuando ya se ha realizado un daño muy fuerte a los tejidos del hospedero, el ejemplo típico es la fase neuronal de la sífilis que puede acarrear locura. Aunque el paciente se cure de las espiroquetas, su sistema nervioso no se recuperará nunca.

Referencias generales: (Black & Black, 2012; P. R. Gross & Levitt, 2011; Knipe & Howley, 2013; Maartens et al., 2014; Roitt & Delves, 2011).

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