viernes, 1 de mayo de 2015

7 SISTEMA MUSCULAR EN LOS MOLUSCOS

Los moluscos presentan diversos mecanismos de desplazamiento o de adhesión a un sustrato. Por lo general emplean un pie muscular que genera ondas a través de las cuales el animal se desplaza. Al igual que sucede con los gusanos, se requiere de un medio que ancle para que las ondas generen desplazamiento, y esto se logra mediante la secreción de mucosidad.

En otros el pie se puede como si fuera un brazo o una pala permitiendo al animal enterarse de forma profunda o incluso manipular sus conchas mediante el uso de músculos abductores accesorios que conectan el pie con las conchas. Otros moluscos son nadadores activos, su pie se modifica para generar aletas. Los cefalópodos son los mejores nadadores gracias al sifón que genera un movimiento de propulsión a chorro único, además de emplear aletas laterales para su estabilización.

Referencias generales: (Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Karp, 2013; Mason et al., 2014; Moore, 2006; Rhoades & Bell, 2013; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013; Stern et al., 2008; Wayne, 2009)


7.1 El músculo y el movimiento en los aplacóforos

Los aplacóforos como Epimenia australis carecen de un pie muscular bien desarrollado, por lo que su desplazamiento depende de cilios que generan un movimiento resbaladizo a través del sustrato. La mayoría de los moluscos sin embargo emplean una estructura distintiva denominada pie.

El pie generalmente forma una estructura semejante a una suela plana en la región ventral como en las babosas, caracoles, quitones y monoplacóforos. El pie posee cilios imbuidos en numerosas glándulas que producen mucosidad. La mucosidad ayuda a anclar al animal al sustrato y deja una huella pegajosa de su desplazamiento. Los cilios sin embargo son un aspecto secundario de las actividades del pie, este genera movimientos mediante contracciones musculares.

7.2 El músculo y el movimiento en los gastrópodos

 Los gastrópodos poseen dos masas musculares principales, el músculo columelar "azul" que se ancla a la concha y el músculo del pie.

El pie puede ser modificado para generar movimientos especializados, un ejemplo son los gastrópodos en los cuales existen músculos extra, denominados músculos retractores del pie "líneas azules". Los músculos se anclan a la concha o al manto dorsal en varios ángulos y actúan en concierto para levantar y bajar el pie o para acortarlo en direcciones longitudinales o transversales. Ese es un ejemplo de como el sistema esquelético sirve como un ancla para el muscular. Los músculos pedales retractores permiten al animal contra la dirección de su desplazamiento. Otros gastrópodos presentan modificaciones en el pie, como en Naticidae spp., que tienen la punta del pie endurecida para poder excavar de forma eficiente, estructura denominada propodio.

Los caracoles vermitídeos tienen un estilo de vida semejante al de los gusanos sésiles o de los corales. La concha forma un refugio permanente, profundo e inmóvil.

Otros gastrópodos son sésiles o semisésiles, emplean los fluidos del manto para adherirse fuertemente a los sustratos o incluso pueden hacer que sus conchas se transformen en estructuras fijas como en el caso de Vermetidae spp.



Referencias generales: (Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Karp, 2013; Mason et al., 2014; Moore, 2006; Rhoades & Bell, 2013; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013; Stern et al., 2008; Wayne, 2009)

7.3 El músculo y el movimiento en los bivalvos

En los bivalvos el pie usualmente tiene forma de cuchilla y se encuentra comprimido lateralmente al igual que el cuerpo en general. También poseen músculos retractores que se anclan al interior de la concha. Los músculos aductores son semejantes a los músculos mandibulares.

El pie se dirige hacia el frente del animal y sirve principalmente como un ancla o como una pala de excavación. El pie de los bivalvos no depende únicamente de la contracción muscular, sino también del movimiento de la hemolinfa, por lo que también implica un movimiento hidráulico. No todos los bivalvos son excavadores, algunos viven libres en el lecho y pueden nadar al impulsar agua con sus valvas, aunque otros simplemente fusionan una valva a un sustrato sólido.


Esto se logra gracias a que el bivalvo segrega una serie de cordones mucosos denominados cuerdas bísales, estas se solidifican rápidamente, manteniendo al animal en su lugar.

Referencias generales: (Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Karp, 2013; Mason et al., 2014; Moore, 2006; Rhoades & Bell, 2013; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013; Stern et al., 2008; Wayne, 2009)


7.4 El músculo y el movimiento en los moluscos nadadores

La adaptación locomotora más importante de los moluscos es el nado, la cual ha evolucionado de forma independiente en diferentes linajes, lo cual conlleva a que los modos de natación y las subsecuentes adaptaciones sean bastante diversos. La mayoría de estos grupos presentan una evolución paralela del pie, en la que este se modifica para convertirse en la estructura propulsora, pero al ser el origen de la diversidad un proceso azaroso, la forma que adquiere el pie en cada linaje es diferente. La Selección Natural favorece el resultado final que puede ser llevado a cabo de diversas formas. 

En los heterópodos como Atlanta rosae mostrado en la imagen anterior, el cuerpo se encuentra comprimido lateralmente y el caparazón se encuentra altamente reducido, el pie forma una aleta ventral y el animal en consecuencia nada desde arriba hacia abajo. En otro grupo inusual de gastrópodos denominados pteropodos "imagen principal" o mariposas marinas, el pie forma dos aletas laterales denominadas parapodias, las cuales son empleadas como remos.


Algunos opistobranquios también nadan por ondulaciones gráciles o por pliegues semejantes a hojas también llamadas parapodios a lo largo del margen del animal. Otros simplemente flotan mediante órganos especializados provenientes del pie o del estómago como en Janthina spp., o Glaucus spp.

Referencias generales: (Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Karp, 2013; Mason et al., 2014; Moore, 2006; Rhoades & Bell, 2013; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013; Stern et al., 2008; Wayne, 2009)


7.5 El músculo y el movimiento en los cefalópodos

Los mejores nadadores entre todos los moluscos s el linaje de los cefalópodos, estos animales han abandonado los nichos sésiles de los demás moluscos en favor de una vida como depredadores ágiles, rápidos e inteligentes.


La mayoría de los cefalópodos se mueve por propulsión a chorro gracias a una modificación del su manto, la cual permite expeler agua a gran presión. El manto posee fibras musculares bien desarrolladas de tipo radial y circular. Las contracciones de los músculos radiales y la relajación de los circulares permiten acumular agua en el manto.

La reversión del estado de estos musculares crea una fuerza hacia el exterior del manto. La salida del manto es muy angosta, lo cual aumenta la presión, estructura denominada sifón. El sifón es altamente móvil y puede ajustarse como si se tratara de una turbina vectorial, lo cual le permite al animal realizar maniobras cerradas a gran velocidad.

Los calamares por ejemplo, son los invertebrados marinos más rápidos, y algunas especies pueden expulsarse a varios pies de distancia de la superficie oceánica. En adición al sifón, los calamares poseen una estructura hidrodinámica y aletas laterales que ayudan a estabilizar su posición.


Los pulpos por otra parte no nadan tan rápido, pero si retienen la propulsión a chorro para emergencias. Normalmente dependen de sus tentáculos musculares  para reptar sobre el lecho oceánico.

Referencias generales: (Belk & Maier, 2013; Brusca et al., 2003; Hoefnagels, 2015; Kardong, 2011; Karp, 2013; Mason et al., 2014; Moore, 2006; Rhoades & Bell, 2013; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; Solomon et al., 2008; Starr et al., 2013; Stern et al., 2008; Wayne, 2009)

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