sábado, 17 de enero de 2015

La pérdida del caparazón de los gastrópodos

La pérdida del caparazón de los gastrópodos






Las babosas representan un aspecto intrigante de la evolución de los gastrópodos, y un recuerdo de que la evolución también implica la perdida de algunos rasgos representativos de un grupo determinado “en este caso la concha”, después de todo, una babosa es prácticamente un caracol sin concha.

A pesar del hecho de que la concha en espiral representó un gran éxito para los gastrópodos, después de todo esta forma de vida les permitió salir del océano y colonizar el suelo seco, cerca del 70% de las especies vivas de moluscos son babosas. El hecho más importante es que las babosas son un grupo no natural, evolucionaron múltiples veces de diferentes linajes de caracoles que perdieron de forma secundaria la concha, haciendo de estos organismos un excelente caso de evolución paralela y convergente.
Figura 01. Mira pero no toques, las babosas altamente coloridas no le temen a la mayoría de los depredadores.
El suelo seco no es una causa para la evolución repetida de la forma de vida de la babosa, después de todo existen especies tanto marinas como de suelo seco. A pesar de eso, las babosas embrionarias pueden segregar partes de la concha, la cual es reabsorbida a medida que el animal envejece, lo cual parece ser una tendencia común en muchos órganos vestigiales que solo se presentan en las etapas embrionarias.
 
Figura 02. Glaucus atlanticus, hermoso, y pocos lo identificarían como una babosa marina, de hecho es un depredador de otras babosas marinas venenosas, y posee la capacidad de generar un veneno mas potente, ser inmune a los venenos de otras babosas y a demás almacenar el veneno de sus presas en las protuberancias semejantes a plumas.
Producir una concha es energéticamente contraproducente, y requiere de una fuente abundante de calcio ambiental para poderla producir, por lo cual si se genera un mecanismo que compense su función, su perdida se verá favorecida por la selección natural. Debido a que la energía invertida en una concha superflua puede ser empleada para cubrir otras funciones más importantes como la producción de más huevos o el incremento de las fibras musculares del esqueleto hidrostático. Por ejemplo, muchas babosas marinas recurren al mimetismo batesiano y mulleriano, segregan químicos mortales o de mal sabor y al mismo tiempo lo anuncian con brillantes colores. Otras recurren al clásico mimetismo críptico –camuflaje – para que los depredadores no las ataquen, en estos casos las conchas al no poder adoptar la textura del ambiente se convierte en un estorbo.

Fuentes bibliográficas (Brusca, Brusca, & Haver, 2003).

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