sábado, 3 de enero de 2015

El Jurásico

El Jurásico



El Jurásico es el segundo periodo de la Era Mesozoica, su intervalo de duración ha sido acordado entre 201.3 ± 0.6 MdA para su inicio y 145.0 ± 4.0 MdA para su finalización, siendo sucedido por el periodo Cretáceo.

El nombre Jurásico fue propuesto por Alexander von Humboldt (1759-1859) en 1795 por una formación de piedra caliza de las montañas Jura situada al norte de los Alpes occidentales (Prothero, 2006; Walls, 2010).

La vida en los océanos se recuperó rápidamente de la extinción en masa de finales del triásico, por ejemplo el plancton experimentó una radiación evolutiva con la aparición de múltiples linajes (van de Schootbrugge et al., 2005). En términos de vertebrados, el Jurásico está marcado por la recuperación de algunos linajes de reptiles marinos como los plesiosaurios y los ictiosaurios, los cuales incrementaron sus tamaños. 
Figura 01. Plesiosaurio.
Los plesiosaurios experimentaron una radiación evolutiva que conllevó a la aparición de un plano corporal diferente, mientras que un linaje continuó con la tendencia de generar un cuello muy largo con una cabeza muy pequeña propia de una alimentación de peces pequeños (Conybeare, 1824), el otro linaje agrandó su cabeza e hizo su cuello más pequeño. A este segundo linaje se lo denomina pliosaurios y es muy semejante a otro tipo de reptiles marinos que evolucionaría en el periodo cretáceo llamado mosasaurios.
La gran similitud anatómica entre los pliosauros y los mosasauros conlleva a confundirlos en un mismo grupo, pero la anatomía comparada en detalles más finos han conllevado a designarlos como grupos diferentes, es decir, son un caso de evolución convergente, o a lo sumo de evolución paralela. 
Figura 02. Pliosaurio.
Ambos descienden de un ancestro común, pero pertenecen a subgrupos diferentes, los mosasauros son arcosaurios y en consecuencia están más relacionados con los cocodrilos, los dinosaurios y las aves; mientras que los pliosaurios son lepidosaurios y están más relacionados con las serpientes, y los lagartos.

Por otra parte, los ictiosauros de Jurásico son formas muy avanzadas y especializadas en la vida marina, a diferencia de las formas del triásico que asemejaban reptiles, los ictiosaurios de Jurásico tienen una apariencia externa más semejante a los delfines, siendo un segundo caso de evolución convergente (Losos, 2011).
En tierra, los dinosaurios se convirtieron en la forma de vida dominante, diversificándose ampliamente. Los ornitisquios (falsas caderas de aves) y los saurisquios (caderas de reptil) ya habían surgido durante el triásico, pero es en el jurásico donde alcanzan sus tamaños gigantescos. Por lo general las especies más representativas o  representadas en la cultura popular pertenecen a los saurisquios. De los saurisquios emergen dos ramas, los saurópodos y los terópodos (Sereno, 1999).
Figura 03. Ictiosaurio.
Los saurópodos son animales cuadrúpedos generalmente de cuellos muy largos y con una dieta presumiblemente herbívora dada la forma de sus dientes (Stevens & Parrish, 1999).

Los terópodos son un linaje muy diverso de animales generalmente bípedos y ancestralmente carnívoros –aunque existieron y existen grupos herbívoros. La diversificación de los terópodos durante el Jurásico fue raída, mientras que algunos continuaron por el gigantismo como en los alosauros (Bybee, Lee, & Lamm, 2006), otros se hicieron pequeños y adoptaron la formación de estructuras cutáneas que formarían plumas como en pedopenna, anchiornis y archeopteryx. Lo cual hace que las aves sean un subgrupo descendiente de los dinosaurios terópodos (O’Donoghue, 2010).
Mientras que las aves aún se encontraban dando sus primeros vuelos esporádicos, el aire era dominado fuertemente por otro de los descendientes de los arcosaurios, hablamos de los pterosaurios, reptiles voladores que nada tienen que ver con las aves. Sus alas son un caso de evolución convergente, y se diferencian de las alas de las aves por su estructura, el ala de un ave es una estructura de tres dedos que sostiene un brazo no muy grueso cubierto de plumas. 



En los pterosaurios el ala está formada por el dedo meñique alargado, el cual proyecta una membrana, no hay plumas, aunque se tienen indicios de que probablemente estuvieran cubiertos por un terciopelo muy fino (Wang, Jiang, Meng, & Cheng, 2010).
Figura 04. Pedopenna, un dinosaurio emplumado.
Los mamíferos continuaban evolucionando en paralelo, pero restringidos a nichos secundarios (Kielan-Jaworowska, Cifelli, Cifelli, & Luo, 2013).

Toda esta diversidad y tamaños de animales no hubieran podido desarrollarse sin un cambio en los biomas predominantes, con la separación del Pangea el clima cambió, y adicionalmente con el desarrollo de la capacidad de degradar la lignina, los ecosistemas ya podían entablar un equilibrio dinámico de oxígeno y dióxido de carbono. De esta forma los desiertos del Triásico y el Pérmico fueron reemplazados por extensos bosques que coníferas.
Figura 03. Los fósiles transicionales entre los mamíferos marsupiales y los mamíferos placentarios datan del jurásico como este especímen de Jurama sinensis.

Un detalle importante es que al imaginar estos ecosistemas hay un detalle de debemos eliminar de nuestras mentes, y es el pasto, no había pasto puesto este no había evolucionado todavía. En su lugar probablemente arbustos pequeños o helechos cubrían la parte baja de los bosques y las planicies abiertas más secas.

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