lunes, 8 de diciembre de 2014

La geología en el siglo XVIII

La geología en el siglo XVIII



El siglo XVIII constituyó el surgimiento de los imperios coloniales y la edad de la exploración. Como ya se ha mencionado en otros apartados, los imperios crearon tres grandes instituciones para demostrar su poder, el museo de historia natural, el jardín botánico y el zoológico. Cada uno tenía por objeto crear colecciones de seres vivos o inertes de las colonias más recónditas del imperio. Pero no solo era una cuestión de prestigio, la clasificación y la nomenclatura permitieron determinar propiedades útiles para el comercio, la ingeniería, o la guerra.
Figura 01. (A) Los imperios coloniales basaban su poder en una tecnología marítima superior y en armas de fuego, las cuales les permitieron oprimir a poblaciones nativas alrededor del mundo (B), adicionalmente crearon instituciones para representar el poder del imperio e identificar fuentes de riqueza de las colonias en forma del Museo de Historia Natural (C) y el jardín botánico (D).
La minería por ejemplo, esta era con frecuencia una de las mayores fuentes de riqueza (Jardine, Secord, & Spary, 1996). Los académicos comenzaron a realizar estudios más sistemáticos y de mayor escala sobre la composición de los suelos (Werner, 1774). El objetivo era simple, lograr que las minas produjeran más riqueza mediante el aprovechamiento de otros tipos de minerales, no solo vivir de oro y plata. La codicia capitalista fue el motor que apoyó el desarrollo de la geología descriptiva (Eliade, ET, & Ledesma, 1974; Werner, 1774).

Sin embargo, lo anterior simplemente era descripción de fenómenos, algo muy semejante –y de hecho una de las funciones de –la Historia Natural, la cual era la ciencia que antecedió a la biología y la geología. De hecho los museos de Historia Natural donde vemos los restos disecados de animales, los restos de seres fosilizados y muestras de minerales raros adquieren su nombre por esta tradición, la cual se originó debido a la obra de Plinio el Viejo llamada “Historia Naturalis”.

En paralelo con esta tradición descriptiva, una nueva casta de historiadores naturales interesados por el conocimiento de la tierra comenzó a criticar las ideas fuertemente religiosas sobre el origen del Planeta Tierra. En primera instanció el debate circulaba a si preguntarse sobre el Origen del Planeta y su correspondiente cambio a través del tiempo era una pregunta válida de ser estudiada académicamente en una cultura de fuertes valores cristianos. En 1749 en naturalista francés Georges-Louis Leclerc Conde de Buffon (1707-1788) publicó en uno de sus libros una crítica en contra la postura de que la edad del mundo se limitara a unos cuantos miles de años (Gohau, 1990).
Figura 02. El Conde de Buffon (A) y Cuvier (B) fueron dos de los mas importantes historiadores naturales del siglo XVIII y el trabajo de ambos sería importante para sustentar las teorías evolutivas de Lamarck y de Darwin. Ambos realizaron trabajos sobre megafauna, y especialmente Cuvier identificó al mamut, el mastodonte y las dos poblaciones de elefantes en África y en India (C) como especies independientes pertenecientes a un linaje mas general.
Tal vez uno de los autores más influyentes, pero menos relacionados con la geología es el filósofo germano Immanuel Kant (1724-1804) quien en 1755 en su obra titulada “Historia del Universo Natural y Teoría del Cielo” (Jardine et al., 1996; Kant, 1797) describió la historia de la Tierra sin referencias  a Dios o a la Biblia. Gracias al trabajo de estos respetados autores, las preguntas sobre un origen del planeta y una edad del mundo más allá de los cánones bíblicos se convirtió en un objeto legítimo de estudio por parte de las nuevas ciencias positivas como la Física y la recientemente formada Química.

Bajo esta perspectiva resulta notable establecer que la Geología se independizó de la Historia Natural que la misma Biología. El término Geología fue empleado por vez primera en publicaciones técnicas de dos naturalistas genoveses (Gohau, 1990) llamados Jean-André Deluc (1727-1817) y Horace-Bénédict de Saussure (1740-1799). En 1751 el término ya había sido aceptado por la mayoría de naturalistas y sancionado como tal en la Enciclopedia de Dierot (Gohau, 1990), aunque su estudio sistemático en instituciones reconocidas como el museo de Historia Natural de París ya tenía una tradición de al menos 10 años (Gohau, 1990).

Para la época, las posturas religiosas y no religiosa habían evolucionado –aunque en el fondo seguían siendo la misma discusión del siglo XVII – por un lado se encontraban los que defendían el canon bíblico con argumentos científicos, y por otro lado se encontraba una teoría estrictamente naturalista. La teoría basada en el canon bíblico no era otra que explicar los estratos geológicos en base a un solo evento catastrófico, el diluvio universal, sus defensores procedían de la recientemente formada ciencia de la Química argumentando que los estratos se habían formado por procesos de sedimentación en solución acuosa (Eddy, 2008). Algunos denominaron a los defensores de esta teoría como neptunistas. Casi en paralelo otra teoría fue propuesta, en este caso se sostenía que los estratos eran formados por la sedimentación lenta de materiales calientes independientemente de si estaban en solución acuosa o no, para ellos el efecto de los volcanes era muy importante y fueron denominados plutonistas.

Para la época los fósiles ya habían sido reconocidos como seres vivos extintos, y se habían convertido en el objeto de estudio de historiadores naturales interesados en la geología como el conde de Buffon. Buffon estudió la megafauna del norte de Europa como los mamuts y los rinocerontes lanudos, llegando a la conclusión de que el clima del planeta no había sido el mismo siempre. Otros naturalistas darpían inicio a una nueva rama de la biología –o de la Historia Natural en el contexto histórico – y es la Anatomía Comparada, de la mano de Georges Cuvier (1769-1832) este nuevo campo de estudio comenzó a arrojar información sistemática de las estrechas relaciones entre diferentes tipos de animales. Entre otras se llegó a la conclusión de que lo que había sido llamado coloquialmente elefante pertenecía en realidad a varias especies, dos vivas –en áfrica y en india –y otras tantas extintas como el mastodonte y el mamut (McGowan, 2001).

Adicionalmente, de la mano de William Smith (1769-1839) nació la geocronología cualitativa mediante la correlación de la fauna y flora fósil con un determinado estrato geológico y su composición mineral, gracias a esto podía y pueden identificarse formaciones geológicas de un mismo periodo en diferentes partes del mundo, el problema sin embargo recaía en que tan antiguas eran estas formaciones, respuesta que no tendrían una solución posible durante el siglo XVIII. En cualquier caso Smith estableció un principio que da forma literalmente a la historia de la vida en la tierra y es el principio de sucesión de fauna (Berry, 1966).

El principio de sucesión de fauna establece que una vez que se determina la horizontalidad de una secuencia de estratos, el tipo de fósiles que se encuentran presentan un orden predecible; este principio es la base para el concepto de eras geológicas que constituye el centro de análisis de la presente unidad de estudio.

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