sábado, 21 de junio de 2014

La estabilidad del genoma en la teoría sintética de la evolución, lo que Darwin nunca supo



La primera teoría de la evolución tenía en su punto más débil una explicación lamarckiana de la genética, y aunque muchos digan que la selección natural es el motor de la evolución, hay que matizar mucho esa expresión.

La selección natural es un mecanismo ecológico que elimina variantes, no las crea, por lo que en la base debía existir un mecanismo subyacente, el verdadero motor que pone en movimiento a la selección natural, aquel motor que arroja las variaciones que son susceptibles de ser seleccionadas.



Años más tarde August Weismann refutaría la primera teoría de la evolución destruyendo su base lamarckiana, pero a pesar de que propuso una hipótesis genética de reemplazo llamada herencia dura, esta no pudo generar una explicación completa del problema.

Posteriormente en 1916 Morgan y colaboradores dan soporte a las mutaciones como fenómeno que crea nuevos alelos, sin embargo no sería hasta la elucidación de la maquinaria molecular y la naturaleza química de los genes que se pudo tener acceso al conocimiento específico de lo que son exactamente las mutaciones.

En esta serie de artículos veremos la segunda parte de la Teoría Sintética de la Evolución, aquella que concierne no con la ecología y las poblaciones, sino aquella que concierne a la genética misma y al verdadero motor de la evolución, que es la mutación.

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