sábado, 14 de junio de 2014

Del reduccionismo al holismo, la biología molecular

Del reduccionismo al holismo, la biología molecular



Para comprender como funciona una molécula muy compleja, sea esta una proteína, un lípido, un carbohidrato o un ácido nucleico, es necesario en primera instancia conocer sus partes constitutivas.

Este modo de estudiar la biología es denominada reduccionismo y atacada por lo que queda de filósofos de la ciencia que se autodenominan vitalistas. Reducir la vida a un montón de moléculas resulta incoherente con las capacidades únicas de los seres vivos, cuando se las compara con estructuras inorgánicas.

Esta tendencia llevó a que en tiempos de Arhenius y Wohler se dudara de la posibilidad de sintetizar moléculas de importancia orgánica a partir de precursores inorgánicos.

Sin embargo e método reduccionista no es malo en sí mismo desde que no se asuma que el todo tiene las mismas propiedades que sus partes sumadas. Estudiar las partes es el punto de partida, y de cierta forma permite adivinar como algunas de estas partes se relacionan para generar propiedades emergentes de las estructuras como un todo.

Esto es lo que diferencia la postura organicista, que el humilde escritor de este blog asume como postura epistemológica en biología. Una postura que busca congeniar el reduccionismo y el holismo en un solo marco explicativo a través del concepto de propiedad emergente.

Retomando el primer párrafo, las propiedades estructurales del ADN son emergentes con respecto a sus componentes, es decir, cada componente o sección del ADN carece de las propiedades de la molécula completa, pero aun así, su estudio es relevante para comprender la naturaleza de dichas propiedades emergentes totales.

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