viernes, 2 de agosto de 2013

9 EL CHAPARRAL Y OTROS MATORRALES TEMPLADOS


El clima de bosque mediterráneo y de matorrales incendiarios de chaparral era el clima de los griegos clásicos y de las tribus nativas americanas costeras de baja California respectivamente. El clima templado experimentado por estas culturas fue acompañado por una alta riqueza biológica e incendios recurrentes. 

La riqueza de la flora bosque mediterráneo es capturada por una canción popular de la región mediterránea que comienza: "La primavera ya ha llegado. Todo el campo florecerá; Una fiesta de color! "A este banquete visual, los bosques mediterráneos y matorrales/chaparrales agregan un coro de canto de pájaro y los olores de plantas aromáticas, incluyendo romero, tomillo y laurel.

Referencias básicas: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Molles, 2013; E. Odum & Barrett, 2004; Reece et al., 2014; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; E. Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013)


9.1 Geografía

Los bosques mediterráneos y los matorrales se encuentran en todos los continentes excepto en la Antártida. Son más extensas alrededor del Mar Mediterráneo y en América del Norte, donde se extienden desde California hacia el norte de México. También se encuentran en el centro de Chile, el sur de Australia y el sur de África. 

Bajo las actuales condiciones climáticas, los bosques mediterráneos y los matorrales crecen entre los 30° y los 40° de latitud. Esta posición coloca la mayoría de este bioma al norte de los desiertos subtropicales en el hemisferio norte, y al sur de ellos en el hemisferio sur. La gran distribución geográfica de bosques mediterráneos y matorrales se refleja en la diversidad de nombres de este bioma. En el oeste de América del Norte, se llama chaparral. En España, el nombre más común de bosques mediterráneos y matorrales es (...) matorral. Más al este en la cuenca mediterránea el bioma se conoce como garriga. Mientras tanto, en el Hemisferio Sur, los sudafricanos lo llaman fynbos, mientras que los australianos se refieren a al menos una forma de él como mallee. Aunque los nombres de este bioma varían ampliamente, su clima no.

Referencias básicas: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Molles, 2013; E. Odum & Barrett, 2004; Reece et al., 2014; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; E. Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013)

9.2 Clima

El clima mediterráneo de bosques y arbustos es fresco y húmedo durante el otoño, invierno y primavera, mientras que los veranos son calientes y secos. El peligro de heladas varía considerablemente de un bosque mediterráneo a otro. Cuando ocurren, sin embargo, las heladas generalmente no son severas. La combinación de veranos secos y vegetación densa, rica en aceites esenciales, crea condiciones ideales para incendios frecuentes e intensos.



Referencias básicas: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Molles, 2013; E. Odum & Barrett, 2004; Reece et al., 2014; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; E. Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013)

9.3 Suelos

Los suelos de los bosques y matorrales mediterráneos son generalmente de baja a moderada fertilidad y se consideran frágiles. Algunos suelos, como los de los fynbos sudafricanos, tienen una fertilidad excepcionalmente baja. La erosión del suelo puede ser severa. El fuego junto con el pastoreo excesivo ha despojado el suelo de algunos paisajes mediterráneos. En otros lugares, estos paisajes, bajo una cuidadosa administración, han mantenido su integridad durante miles de años.

El suelo del chaparral es duro e infértil para plantas de interés agrícola, aunque las plantas que crecen en el son bastante exitosas. Una de las características más distintivas del chaparral es sin duda la presencia de fuegos periódicos, necesarios para mantener su diversidad.

Sin embargo los chaparrales son notables en cuanto a su adaptación al fuego. Las plantas del chaparral están adaptadas para soportar el fuego, e incluso sus semillas necesitan ser incineradas para poder germinar.  Las adaptaciones al fuego y a la sequedad ha generado un caso de evolución convergente y/o paralela muy evidente, pues las plantas del chaparral son similares entre sí en todas las regiones del planeta aun cuando deciden de ancestros diferentes. En ocasiones se pueden encontrar pinos y robles resistentes a la desecación y los incendios. Durante la temporada de lluvias el territorio es bastante verde, pero mientras dura el verano las plantas permanecen dormitando.

Referencias básicas: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Molles, 2013; E. Odum & Barrett, 2004; Reece et al., 2014; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; E. Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013)


9.4 Biología

Las plantas y animales de los bosques mediterráneos y arbustos son muy diversos y, al igual que sus vecinos del desierto, muestran varias adaptaciones a la sequía. Los árboles y arbustos son típicamente de hoja perenne y tienen hojas pequeñas y resistentes, que conservan tanto el agua como los nutrientes. Muchas plantas de los bosques y matorrales mediterráneos tienen relaciones bien desarrolladas y mutuas con los microbios que fijan el nitrógeno atmosférico. El proceso de descomposición se ralentiza mucho durante el verano seco y luego comienza de nuevo con la llegada de las lluvias de otoño e invierno. Curiosamente, esta descomposición intermitente puede acelerar el proceso lo suficiente para que las tasas promedio de descomposición sean comparables a las de los bosques templados.

El fuego, una ocurrencia común en bosques mediterráneos y matorrales, ha seleccionado para las plantas resistentes al fuego. Muchos bosques mediterráneos tienen una corteza gruesa y resistente al fuego. En contraste, muchos arbustos en los bosques mediterráneos son ricos en aceites y queman fácilmente, pero brotan rápidamente. La mayoría de las plantas herbáceas crecen durante la estación fría y húmeda y luego mueren en verano, evitando así tanto la sequía como el fuego.

Referencias básicas: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Molles, 2013; E. Odum & Barrett, 2004; Reece et al., 2014; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; E. Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013)


9.5 Influencia humana

La actividad humana ha tenido una influencia sustancial en la estructura de los paisajes de los bosques y matorrales mediterráneos. Por ejemplo, los bosques de roble abierto del sur de España y Portugal son el producto de un sistema de gestión agrícola que tiene miles de años. En este sistema, el ganado pastorea en las hierbas, los cerdos consumen bellotas producidas por los robles, y el corcho es cosechado de alcornoques como cultivo comercial. Las áreas seleccionadas se plantan en trigo una vez cada 5 a 6 años y se deja reposar el resto del tiempo. 

Este sistema de agricultura, que hace hincapié en el cultivo de baja intensidad y la sostenibilidad a largo plazo, puede ofrecer pistas para una agricultura sostenible en otras regiones. Las altas densidades de población, junto con una larga historia de ocupación humana, han dejado una huella indeleble en los bosques mediterráneos y en los matorrales. Los primeros impactos humanos incluyeron la tala de bosques para la agricultura, el establecimiento de incendios para controlar las especies leñosas y fomentar la hierba, la cosecha de cepillo de combustible, y el pastoreo y la navegación por el ganado doméstico. Hoy en día, bosques mediterráneos y matorrales alrededor del mundo están siendo cubiertos por las viviendas humanas.

Referencias básicas: (Begon et al., 2006; Belk & Maier, 2013; Hoefnagels, 2015; Mackean & Hayward, 2014; Mader & Windelspecht, 2015, 2018; Mader, 2010; Mason et al., 2014; Molles, 2013; E. Odum & Barrett, 2004; Reece et al., 2014; Sadava et al., 2014; Simon et al., 2013; E. Solomon et al., 2014; Starr et al., 2013)

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